jueves 16 de julio de 2009 - 10:00 AM

Ochenta y ocho manzanas

… Ochenta y ocho manzanas, ochenta y nueve flores, noventa soles…. Noventa y nueve estrellas, cien árboles. Ya, Juanchito puede ir a dormir, su mamá puede terminar de arreglar la cocina y su papá puede ver TV tranquilamente; terminaron la tarea escolar del día: dibujar cantidades de objetos de sesenta a cien.

A sus seis años, Juanchito ya sabe que los dedos pueden doler por el uso exageradamente prolongado del lápiz. Y sus papás se preocupan que aprenda a contar hasta mil… ¿Qué tal que les toque dibujar esas cantidades?

Uno, dos, tres, cuatro…. doce, trece, catorce… treinta y seis… cincuenta… ciento trece… trescientos… quinientos veinte… etc... etc... MIL. Ya, Paolita terminó su tarea de matemáticas: Escribir en letras los números de uno a mil. A sus escasos ocho años de vida y tres en primaria, Paolita ya hace el aprendizaje de lo absurdo con tareas que más que estimular el gusto por el estudio y aprendizaje escolar, hacen que alumnos y alumnas – y sus padres – se sientan irrespetados y 'acosados escolarmente' por profesores/as abusivos. Estos mismos que a la queja de la mamá que casi tira la toalla frente a la mencionada tarea, se justifican así: '¡he dado la misma a todos!' o 'es que yo soy firme pero es por su bien, yo quiero mucho a mis alumnos' (¿dónde está el cariño en estas tareas? ¿No será que se confunde firmeza con rigidez?)

Sabemos de alumnos/as a los que se infunden desde su inicio, pavor al colegio y fastidio para el estudio y - tan pronto pueden hacerlo - dejan de asistir y se quedan por fuera de la enseñanza formal. Es sabido que la deserción escolar es el primer eslabón hacia la calle, los embarazos tempranos, las pandillas, las drogas, la delincuencia y – en muchos casos – la muerte violenta. Por lo tanto es grave que algunos métodos pedagógicos provoquen la exclusión de sus supuestos beneficiarios.

Los y las estudiantes deben poder mantener la esperanza de alcanzar a superar los obstáculos retorcidos o mal intencionados que algunos maestros/as les ponen en el camino del aprendizaje; si no es así, se desaniman o rebelan antes de adquirir conocimientos primordiales para sus vidas. Lograr que sus alumnos/as aprendan y lo hagan con interés y gusto, debe ser el reto de todo pedagogo que cree en su trabajo y respeta a sus estudiantes. 

 

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