jueves 15 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Que sea en Puerto Wilches o Barcelona ...

Las mujeres explotadas sexualmente, que sea en Puerto Wilches o en Barcelona, en cualquier parte del mundo lo son porque hay organizaciones mafiosas del sexo
Escuchar este artículo

En Puerto Wilches o Barcelona, la prostitución es el mismo negocio de explotación del cuerpo de mujeres compradas para ser manoseadas, abusadas, penetradas; pagadas por producir placeres a hombres incapaces de disfrutar de forma gratuita un placer compartido con una mujer amada y respetada.

Estas mujeres prostituidas, pagadas, vendidas y compradas, usadas y abusadas, que sean de Puerto Wilches o de Barcelona, merecen respeto. Para estas maltratadas mujeres de la vida supuestamente alegre (alegre para los “puteros” como los llaman en España) no se espera respeto por parte de sus clientes que pagan por comprar un derecho temporal sobre un cuerpo- mercancía. Pero, los que les deben respeto son - al menos - los mandatarios/as cuya función los compromete con el bienestar de los ciudadanos y las ciudadanas, su protección e igualdad frente a la justicia.

Las mujeres explotadas sexualmente, que sea en Puerto Wilches o en Barcelona, en cualquier parte del mundo lo son porque hay organizaciones mafiosas del sexo, machos imperativos que consideran que todo lo pueden comprar y que pagar les da poder sobre sus víctimas e impunidad. Con doble moral e incongruencia ética se persiguen y castigan a los violadores; pero, si pagan por serlo, son entonces usuarios legales de trabajadoras sexuales.

En otras columnas lo he expresado: hablar de trabajo sexual es un eufemismo para lavar la consciencia de los usuarios, abusadores que pagan por serlo con toda impunidad. Así es que hombres de negocios, empresarios, políticos y otros tantos padres de familia practican turismo sexual en Tailandia, Cartagena o San Gil (o sea, en cualquier parte del mundo que se los permita) para poder hacer y deshacer con mujeres adultas o menores de edad lo que no se les permite hacer en sus países de origen.

Las palabras sí importan, más si vienen de un mandatario electo, forjador de opinión que se ufana de tener millones de seguidores y expresa sus verdades como si fueran únicas.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad