jueves 24 de octubre de 2019 - 12:00 AM

Seguridad alimentaria y desperdicios

en el mundo se produce suficiente comida para toda la gente, la absurda repartición es el problema mayor.
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En octubre se celebra el día de la alimentación, con especial énfasis en los problemas de hambre y malnutrición a solucionar. Uno de estos, en el mundo entero, según denuncia de la FAO, es el desperdicio de alimentos de los más ricos y pudientes (países, regiones y personas), mientras millones de personas aguantan hambre.

Una cantidad importante de comida pasa de los platos y ollas al tanque de basuras de hogares y restaurantes. Sin hablar de los escandalosos y vergonzosos desechos de comida intacta generados por los vuelos intercontinentales. Es decir que en el mundo se produce suficiente comida para toda la gente, la absurda repartición es el problema mayor.

Problema mundial ¿nada qué hacer? Pues, a nivel local y personal se pueden tomar medidas para aminorar las brechas. Compartir, distribuir, en vez de desperdiciar y botar.

En febrero de 2016, Francia promulgó la ley antidesperdicios alimentarios, que obliga los grandes supermercados a donar los alimentos no vendidos si así lo solicita alguna asociación solidaria (se establecen convenios de donación). Un resultado de esta ley es la toma de conciencia por parte de la sociedad de la realidad del desperdicio de alimentos y un mayor compromiso de los distribuidores, que acostumbraban botar alimentos en buen estado. Botar comida se volvió un imposible.

En septiembre de este año, se hicieron enmiendas a esta ley para evitar que se regalen alimentos próximos a volverse basura no consumible que las asociaciones no pueden rechazar y luego botan. Otra enmienda es para hacer la medida extensiva a las plazas de mercado.

En Bucaramanga, sin ley que la respalde, la Fundación Banco Arquidiocesano de Alimentos busca distribuidoras de alimentos aliadas, para asegurar a través de otras fundaciones una mejor repartición de alimentos entre la población más necesitada.

En los hogares conviene compartir las “sobras” en buen estado con las personas que timbran a las casas a la hora del almuerzo pidiendo “lo que sea para comer”.

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