miércoles 11 de enero de 2012 - 7:55 PM

La hora de la hora

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Es la hora de convertir las ideas en realidades. Todas las propuestas, las iniciativas que generaron el entusiasmo ciudadano, han de traducirse ahora en los Planes de Desarrollo. Poco a poco estos documentos han dejado de ser adorno de bibliotecas, para convertirse en guías del accionar de un gobierno. El Plan de Desarrollo es una norma, pero más que eso, es un instrumento para gobernar, y así lo deben entender los mandatarios y equipos de gobierno. El proceso de elaboración tiene un alto contenido de tecnocracia, y puede parecer aburrido, pero si no le dedicamos el tiempo, el esfuerzo, la profundidad conceptual que requiere, perderemos la oportunidad maravillosa de ordenar las ideas, integrar las acciones, priorizar y asignar con inteligencia los recursos siempre escasos y trazar el derrotero del éxito.

Muchos colegas se especializan por este tiempo en ofrecerse para “hacer” los planes de desarrollo de municipios y departamentos. En mi experiencia,  ese es el primer gran error. Podemos dirigir la metodología, aportar en la organización de la información, moderar los eventos que el equipo de gobierno realice para definir la estructura del plan, e incluso ayudar en la redacción de los indicadores y la asignación de metas, según los recursos disponibles.  Pero eso no implica que no sea responsabilidad del mandatario y del equipo de gobierno. Además, cuando un grupo de personas que no han trabajado anteriormente en equipo se enfrenta a tremenda responsabilidad, es necesario crear lazos de unión. Este es el mejor de ellos. La tarea (incluida la trasnochada) es un ejercicio motivante.  

Formular un buen Plan de Desarrollo es también permitir que los organismos de control puedan ejercer su papel sin dificultades y que la ciudadanía pueda evaluar sobre realidades y no sobre percepciones. Sé que a casi nadie le gusta leer mucho, por eso es bueno presentar un plan ejecutivo y concreto, donde se encuentren fácilmente las metas y los indicadores. Sobre ellos es que se realiza el seguimiento a un Gobierno.   

Un Plan de Desarrollo debe ser como un traje a la medida. Según los problemas priorizados y los recursos disponibles, se deben establecer los programas y las metas. El reto de la ciudadanía es expresarse en el proceso de elaboración del plan, participar en él, conocerlo y luego hacerle seguimiento. El reto de los funcionarios es hacerlo bien.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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