domingo 08 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Batalla social

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Columna de
Cristina Plazas

En este país todos los días pasa algo terrible y cuando no hemos terminado de digerir una noticia, se presenta una nueva aún más grave; pero hay problemáticas que no se pueden dejar pasar porque pueden generar consecuencias irreparables para la sociedad.

Recientemente, se han registrado varias noticias de acoso escolar. Cada hecho muestra cómo la violencia física, verbal, psicológica y social se están perpetuando en los espacios donde conviven los niños y los jóvenes. Las historias son escalofriantes: en el departamento de Caldas, un niño de 13 años fue víctima de empalamiento por parte de unos compañeros; en Envigado, a otro le prendieron fuego en su cabeza; y en Bogotá, un estudiante fue asesinado frente a su escuela.

¿En qué momento nos convertimos en una sociedad tan enferma e indolente que tras unos casos tan espeluznantes como estos no se hace un alto en el camino para recapacitar y tomar acciones inmediatas? ¿Cuál es la formación que le estamos dando a nuestros niños y jóvenes para que sean capaces de realizar semejantes actos? ¿Habremos normalizado la violencia a tal punto que muchos la interiorizaron como parte de su vida?

Recientemente, el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana publicó un informe demostrando que Colombia es el segundo país con mayor exposición al acoso escolar de los países que forman parte de la OCDE.

Varios expertos coinciden en que las interacciones sociales disminuyeron bastante en la pandemia; en consecuencia, a los alumnos les ha costado volver a interactuar, resolver sus problemáticas y reincorporar las normas sociales. La pandemia nos entregó niños y adolescentes con vacíos, no solo en la parte académica sino en el desarrollo de habilidades para aceptar, respetar y ver al otro con sus diferencias. Fueron dos años donde las oportunidades para desarrollar habilidades sociales y emocionales fueron muy escasas y, como en cualquier aprendizaje, sino se practica no se interioriza.

Es impactante el aumento de las dificultades que están teniendo estos niños y adolescentes para vivir en comunidad y tolerar al otro desde la compasión.

Fuimos muchos los que advertimos las consecuencias nefastas que iba a traer para la infancia y la juventud estar fuera de las aulas por tanto tiempo.

Bien lo expresa el psiquiatra chileno Jorge Gaete al hablar de estos fenómenos que son multifactoriales y con distintos niveles de análisis. En este caso: la atrofia en las habilidades sociales de los alumnos, las dificultades por las que han pasado las familias y un país viviendo un proceso de deterioro en convivencia general. “El contexto tampoco es propicio a la calma”.

Lo cierto es, que mientras los adultos están en una guerra política sin salida, los niños y los jóvenes están viviendo su propia batalla social que, si no la paramos a tiempo, las consecuencias negativas para esta generación serán irreversibles.

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