domingo 22 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

¡No nos crean pendejos!

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Columna de
Cristina Plazas

El país atraviesa una nueva temporada invernal. Cientos de personas han quedado sin techo, sin comida y sin con que arroparse. Hemos visto imágenes desgarradoras de cientos de niños cubiertos de barro, llorando desconsolados y buscando el único juguete que poseen.

Desafortunadamente esta ola invernal nos volvió a tomar por sorpresa; muchas promesas que se hicieron en el pasado para mitigar riesgos se quedaron en letra muerta y ninguna autoridad asume su responsabilidad. Los congresistas, autoridades locales y líderes políticos responsabilizaron al gobierno nacional de la catástrofe que están viviendo los afectados, como si ellos fuesen convidados de piedra. Esta estrategia les ha funcionado para pasar de agache y no asumir culpas.

Pero acá el que esté libre de pecado que tire la primera piedra...

Empecemos por el Congreso. El país conoce la necesidad de reformar las corporaciones autónomas regionales, pues la mayoría de estas se han convertido en un nido de corrupción y en fortines políticos. Basta recordar el informe de la Contraloría de hace dos años advirtiendo del despilfarro y la desviación de recursos que superaron los 100.000 millones de pesos; y de las declaraciones del Procurador Carrillo calificándolas como “el nido de corrupción más grande que ataca derechos fundamentales en Colombia”.

En los últimos 15 años, han cursado en el congreso más de 20 proyectos legislativos sin que haya voluntad política para aprobarlos. En esta legislatura se hizo un nuevo intento, pero la presión de los congresistas que se benefician de estas y los micos colgados durante la discusión impidieron que el proyecto fuera aprobado. Primó la politiquería y los intereses privados.

Sobre las autoridades locales, es recurrente que cada vez que un gobernador o un alcalde tienen un problema, le exige al gobierno soluciones y no asumen la responsabilidad que les compete. La mayoría reclaman recursos, así los del departamento o municipio hayan sido mal ejecutados. Un ejemplo de esto es San Andrés, donde una clase dirigente bandida ha saqueado las arcas de las islas. De los diez gobernadores elegidos por voto popular, seis han sido destituidos por corrupción.

El ordenamiento del uso del territorio, basado en la gestión ambiental y en la reducción de riesgos, es un instrumento indispensable para adaptarnos al cambio climático. Desafortunadamente son enormes las debilidades de los planes de ordenamiento territorial (POT) de la mayoría de los municipios, los cuales han sido permeados por intereses privados.

Los alcaldes tienen como función ejercer control y vigilancia del medio ambiente pero pocos la cumplen; es evidente el desinterés de las administraciones por la apuesta ambiental en sus territorios, pues no representan réditos políticos.

Esto no quiere decir que el gobierno no sea responsable; por supuesto que también lo es; pero cada cual debe responsabilizarse por lo suyo y responderle a la opinión pública. ¡Que no nos crean pendejos!

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