domingo 03 de julio de 2022 - 12:00 AM

Oposición silenciada

Por supuesto que debe haber diálogo entre las distintas fuerzas políticas; bienvenidas todas las conversaciones, pero jamás la oposición puede perder su razón de ser: controlar y vigilar
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Columna de
Cristina Plazas

Hace 4 años cuando Gustavo Petro perdió las elecciones, en un discurso fuerte y rebelde, junto a su fórmula vicepresidencial Ángela María Robledo, expresaron que se declaraban en resistencia y llamaron al pueblo a las calles. Ese mismo día, se proclamaron en oposición, gritando arengas contra el clientelismo y la corrupción, manifestando: “No vamos a pedir ministerios ni embajadas ni nada, hoy somos la oposición a ese Gobierno. Somos oposición no porque no queramos, sino porque no coincidimos con él”.

Desde entonces el presidente electo ha sido oposición del gobierno Duque, muchas veces de manera irresponsable, como cuando afirmó en plena pandemia que la política de vacunación del gobierno era “un desastre vital, social y económico” y que se demorarían más de 7 años para que los ciudadanos completaran el esquema de vacunación; o cuando en 2020 desconoció la legitimidad del presidente Duque llamando a la desobediencia civil; o cuando apoyó a la primera línea que no es nada distinto a un grupo de hampones que mancharon la protesta social pacífica; pero, a pesar de todos estos episodios que mucho daño le hicieron al país, las voces de oposición son un mecanismo necesario para el sano ejercicio de la democracia de un país y así lograr propósitos comunes de los ciudadanos.

Desafortunadamente, las últimas jugarretas políticas nos dejan sin una oposición fuerte, como la que Petro hizo durante tantos años. Hoy no tenemos un político de peso en el congreso que pueda convertirse en el gran líder de la oposición , sobre todo cuando están en juego la propiedad privada, el incremento desmesurado de impuestos con fines de expropiación por parte del Estado, la reforma pensional en donde peligra el ahorro de los colombianos queriéndolo convertir en una fuente de pago populista y la propuesta de reforma al sistema de salud lo que podría implicar un retroceso significativo al acceso de este derecho, sin desconocer los grandes desafíos que aún tiene en calidad.

Hoy vemos a muchos que durante años fueron oposición, estigmatizando a quienes no están de acuerdo con el gobierno, argumentando la importancia de la unidad nacional. A mí que no me vengan con esa carreta; Petro es Petro y hasta que su gobierno no demuestre lo contrario, seguirá representando el mismo peligro, manifestado por tantos que hoy están rendidos a sus pies por contratos y puestos. Por supuesto que debe haber diálogo entre las distintas fuerzas políticas; bienvenidas todas las conversaciones, pero jamás la oposición puede perder su razón de ser: controlar y vigilar.

El Petro de ayer sería el primero en criticar la situación que hoy se está presentando. Con razón manifestaba: “La mermelada: así se expandió la corrupción. ¿Se va a permitir que entreguen a Colombia a las asociaciones políticas para delinquir?”

Hoy pareciera haber corrido esa la línea ética, como lo dijo Sebastián Guanumen al invitar a la fiesta a todos aquellos que durante años consideró que habían saqueado al país.

Y así no más, con los métodos que tanto rechazó, Gustavo Petro, silenció a la oposición.

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