domingo 10 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Un campo sin jóvenes

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Columna de
Cristina Plazas

Esta semana fui invitada al Congreso Agropecuario Nacional para moderar el panel ¿Cómo lograr que los jóvenes vean su futuro en el campo?

Preparándome para el foro me sorprendieron varias cifras. En el 2050, el mundo albergará a casi 9 mil 700 millones de personas (ONU); para alimentar a esta población la producción de alimentos deberá aumentar un 70%. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), Colombia tiene el potencial para ser una de las siete despensas alimentarias del mundo.

Sobre este tema, el país ha tratado de hacer grandes esfuerzos, pero se ha quedado corto, y los avances no son suficientes. De las 40 millones de hectáreas que tiene el país para sembrar, solo usa 7 millones e importa cerca del 30% de lo que consume.

La estrategia del país para lograr posicionarse, está enfocada en atraer inversiones ancla, en dar seguridad jurídica al campo, en aumentar inversiones en ciencia, tecnología e innovación, en fortalecer bienes públicos como las vías terciarias, en conectar al campo para que tenga internet, entre otros. Si bien, todo esto es necesario, hoy no se está abordando un problema estructural: el campo se envejeció. Hoy el promedio de edad es de 54 años.

Según cifras del DANE, de los 11 millones de habitantes del campo, 2.2 millones tienen entre 10 y 19 años. Según un estudio de RIMISP, el 12% de los jóvenes rurales migran a las zonas urbanas porque buscan nuevas oportunidades laborales y educativas, así como por las condiciones de violencia de sus regiones. Pero esto no es todo, apenas el 21% de los jóvenes rurales completa la educación media y tan solo el 6% continúa con educación superior.

Los jóvenes rurales no han sido visibilizados ni integrados al desarrollo de sus territorios. Esta situación ha incentivado una percepción negativa de la vida en el campo, ocasionando que busquen realizar sus sueños en las ciudades.

En el panel conocí tres instituciones maravillosas que están buscando cambiar esta dinámica: la UDCA, la EAFIT y el INALDE. El objetivo es darle una perspectiva distinta al campo, en donde el enfoque no sea solo la producción, sino también dotar a los jóvenes con los conocimientos necesarios para que emprendan, tengan una visión de mercado y generen valor agregado de los productos primarios.

Si queremos convertirnos en esa despensa mundial de la que tanto hablamos es necesario visibilizar y poner en el centro de la conversación a los niños y a los jóvenes; de no ser así, no habrá quien desarrolle la tierra, y no solo no nos convertiremos en despensa sino que tendremos que importar todos nuestros alimentos.

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