Quiero dejar claro de entrada que no pretendo con este escrito herir sentimientos de nadie afín al chavismo. No se trata de un desprecio por la admiración que Chávez genera en sus miles y miles de seguidores. Pero sí quiero hacer una reflexión, o al menos dar mi opinión, sobre el absurdo de que un pueblo decida convertir a su líder en un dios embalsamado, irrespetando o queriendo desconocer, el carácter corruptible de todo ser humano. El anuncio del Gobierno venezolano el pasado jueves de que el cuerpo del presidente Hugo Chávez será embalsamado y depositado en una urna de cristal “para que pueda ser visto eternamente”, es la muestra clara de la deformación del sentimiento de admiración e identidad por un líder por el de objeto de idolatría y veneración sin sentido.Pretender tener a Hugo Chávez como una especie de pieza de museo ante la que un pueblo se arrodilla, es una muestra de la pobreza de los ideales de un movimiento, que siente que necesita tener presente la imagen que lo representa para hacer perdurar su existencia. Si un movimiento es tan sólido en sus ideales y creencias, ¿por qué necesita recurrir a estas medidas tan fuera de lugar para mantenerse?La “eternización” de Chávez como pieza de museo, es una folclórica manera de convertir a un líder en un dios, para generar la idea entre las multitudes de que sus orientaciones de gobierno se convierten ahora en designios divinos que deben ser cumplidos por sus fieles. Es además una muestra de la pobreza de los liderazgos políticos latinoamericanos, incapaces de consolidarse en un movimiento de ideas y propuestas, y atados eternamente a la figura de un líder que funge como héroe de un país.Dentro de poco empezaremos a escuchar las noticias sobre los milagros de Chávez y los testimonios de sus fieles de cómo intercedió ante una enfermedad, una pena de amor, la prosperidad de un negocio o el final del “mal de ojo” de un niño.Ahora será Chávez el dios, el milagroso, el que se llenará de veladoras y placas de acción de gracias. El que representa la ignorancia de un pueblo y la pobreza de liderazgo político reinante en Latinoamérica.