La concejala por el Partido Conservador Carmen Lucía Agredo, quiere que las mujeres nos defendamos de la violencia de nuestras parejas asestándoles una buena patada. Muy preocupada por el problema de la violencia intrafamiliar, lo cual no pongo en duda, propuso el pasado miércoles en un debate en el concejo en el que se hablaba sobre el incremento en las cifras de agresiones contra la mujer, que las niñas y las mujeres se preparen en artes marciales, como una medida de prevención frente a los abusos dentro y fuera de la familia.Para ello, propone que en los colegios se enseñe karate, judo, taekwondo o cualquier arte marcial que nos permita a las mujeres ponerle poner fin a las agresiones físicas con un buen golpe.Aunque la idea de haberle podido asestar una patada voladora al desgraciado que alguna vez puso su mano sobre mi nalga mientras esperaba el bus en la universidad me produce bastante satisfacción, me temo que la propuesta de la concejala parece más una idea para hacer sonreír que para ser tomada en serio.No quiero decir que el marido que golpea a su mujer no merezca la mejor llave “kesa gatame” que permita inmovilizarlo y someterlo, o que un abusador no merezca una “karatazo” que lo deje fuera de combate (aunque en realidad merezca muchísimo más que eso). Lo que digo es que la violencia intrafamiliar y la violencia de género es un problema mucho más profundo que tratar de evadir los golpes con más golpes.La violencia de género está atada a un profundo desprecio por lo femenino y a una historia de sumisión y opresión de la mujer, que siempre fue considerada un ser inferior. Tan es así que dentro de nuestro mismo Código Civil su capacidad era considerada la misma que la de un niño. Esa violencia actual es el resultado de generaciones enteras en las que las mujeres hemos sido víctimas de abusos. Y es allí en la misma crianza y cultura donde tiene que romperse este espiral.Más que cursos de karate, lo que se necesita es educación y conciencia de que la violencia contra la mujer es un asunto para tomar muy en serio. ¿Qué tal mejor una enseñanza obligatoria de igualdad de género, de métodos de anticoncepción o sobre derechos reproductivos?