A los guionistas y productores de telenovelas colombianas les entró de un tiempo para acá un afán desmedido por contar la historia de violencia del país, para, según ellos, evitar que tanta sangre y dolor se vuelvan a repetir.Es así como los narcotraficantes, los paramilitares, las prepago, los policías corruptos y los mafiosos disfrazados de políticos, por citar solo algunos, se han tomado el llamado “prime time” para llegar todas las noches en forma de telenovela a los hogares colombianos.Pero la gota que rebosó la copa fue la producción “Los tres caínes”, que pretende contar la historia de los hermanos Castaño, como un homenaje a sus víctimas, dicen sus productores, y para que, insisten, no se vuelva a repetir la historia.Dejemos ya la pendejada de tratar de justificar con un falso compromiso histórico lo que no es más que la explotación de un género televisivo que dio buenos resultados en rating y que, por eso, se replica bajo historias distintas. Nadie cree que a los canales privados que le han apostado a estas propuestas los mueva un “dolor de patria” o un afán de reconstruir la historia. Si de verdad fuera así, serían los primeros en financiar y producir documentales o programas de opinión, que es el formato mediante el cual es posible reconstruir estos hechos históricos y analizar sus consecuencias. Pero por el contrario, ese tipo de programas son los que brillan por su ausencia o quedan relegados a horarios que solo son vistos por quienes sufren de insomnio.Por eso constituye un hecho de aplaudir que las marcas Fallabela, Efecty, Ésika, Winny y Auteco, hayan decidido retirar su pauta de tal programa, por considerar que solo replican la violencia.El tema es serio. No se resuelve con un simple: ¡si no le gusta, no lo vea!, como pretenden algunos. En redes circula un video en el que varios niños hablan de ‘El Capo’ y ‘Pablo Escobar’ y afirman: “Lo bueno de ser Pablo es que él tiene muchas fincas y él se puede esconder y él tiene mucho dinero y contrata muchos amigos”. Y otro niño remata diciendo: “Cuando uno ve balaceras y todo, uno siente tanta emoción que se quiere meter allá”. Esto es lo que están sembrando estos programas. A ver si seguimos con la pendejada.