Recuerdo un comercial de televisión de mi infancia que pretendía llamar la atención de los padres de familia, emitiendo el mensaje “¿sabe dónde están sus hijos en estos momentos?”, en el intemedio de cualquier programa. El recuerdo vino a mi mente en estos días, cuando vi un video que circulaba en las redes sociales, en el cual dos mujeres adolescentes estudiantes de colegio se iban a los golpes en medio de la calle. Mientras las dos adolescentes se golpeaban y daban vueltas sobre el piso, otros jóvenes a su alrededor alentaban la pelea. Quise mirar quiénes eran las implicadas en tan grotesco espectáculo, y encontré que su nombre aparecía señalado en el video. Mi sorpresa fue mayor, cuando al revisar su perfil me encontré con la foto de dos niñas de no más de 13 años, posando semidesnudas en una especie de ducha y tapándose los senos con sus manos. ¡Por Dios!, pensé. ¿Dónde están los papás de estas niñas que permiten que sus hijas pongan fotos de ellas mismas casi desnudas en la red? El perfil de las menores parecía más un catálogo de pornografía infantil, con fotos y gestos bastante sugestivos, que el perfil de una estudiante de bachillerato de algún colegio de Bucaramanga y su área. Y por supuesto, los comentarios de amigos y compañeros de clase estaban muy a la altura del catálogo fotográfico. E insisto, aquellas niñas no tenían más de 13 años.Este episodio me hizo pensar sobre si hoy los padres de familia saben realmente cómo utilizan sus hijos las redes sociales, si tienen conciencia del tipo de información que publican y la forma como los niños y jóvenes las utilizan. La tecnología es una puerta abierta al universo de la información, pero también lo es a la exposición fácil frente a personas malintencionadas. Aunque suene a frase de cajón y a regaño de mamá cansona, ¡papás, presten atención a lo que hacen sus hijos! A veces, aunque aparentemente estén sentados junto a ustedes sanos en casa, en realidad están casi desnudos frente a otros, o en contacto con quien no deben, o entrando a mundos en los que definitivamente, si tuvieran padres atentos a lo que hacen sus hijos, no tendrían por qué entrar.