sábado 30 de octubre de 2021 - 12:00 AM

De brujas y espantos

Mi hermana y yo quisimos hacernos una selfie. Los teléfonos se bloquearon varias veces. Al final, el flash se disparó, pero la pantalla estaba en blanco. Además, nos quedamos sin cobertura unos minutos que parecieron horas.
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Columna de
Diva Criado

Probablemente muchas personas que ojeen el contenido de este escrito no creerán en brujas, espantos y hechizos. Pero si preguntáramos a nuestro círculo cercano, comenzarían a emerger creencias y vivencias de lo más variopintas, que nos pondrían los pelos de punta.

Hace algunos años, finales de octubre, mi hermana y yo hicimos un viaje por Escocia. Íbamos atraídas por su paisaje, su cultura, sus monumentos con castillos medievales encantados, pero, sobre todo, por sus historias de brujas y fantasmas.

La idea de visitar Edimburgo nos encantaba. Es una ciudad con fama de embrujada, protagonista de episodios sangrientos de canibalismo y quema de brujas. Un destino imprescindible para los amantes de lo paranormal, incluso para los que no creen.

Hay carteles por todas partes, invitando a los “ghost tour”; y no es cuento, se lo toman en serio. La Universidad de Edimburgo es una de las pocas que ofrece estudios de parapsicología y experiencias paranormales.

Tomamos un tour guiado. El recorrido por la ciudad de por sí es fantasmagórico. Por su callejero trazado medieval abundan callejones estrechos. Cuentan que, en uno de ellos, considerado foco principal de la epidemia que sacudió a la ciudad, la gente tiraba por las ventanas los desechos humanos. Antes de hacerlo, gritaban “agua va”, para que no le cayera al desprevenido transeúnte.

El doctor Rae, el más solicitado durante la peste negra, vivía en el viejo callejón, atendía a los enfermos vestido con un traje de cuero negro. Incluía una máscara con pico semejante a un pájaro. Se creía que la peste se transmitía por el aire. Es común ver cuadros en las tiendas con imágenes de gente con máscara de pájaro, tal vez para no olvidar la historia.

Finalizando la noche, el guía nos llevó a visitar cementerios. En uno de ellos estaba la tumba de Mackenzie, director fiscal de Escocia en el siglo XVII. Cuentan que, en una noche fría y lluviosa, un vagabundo se acercó al camposanto para refugiarse y entró en la tumba. Ajeno a la naturaleza de su cobijo, terminó despertando al difunto. Entonces comenzaron a ocurrir inexplicables hechos en el cementerio.

Mi hermana y yo, incrédulas, quisimos hacernos una selfie. Los teléfonos se bloquearon varias veces. Al final, el flash se disparó, pero la pantalla estaba en blanco, además nos quedamos sin cobertura unos minutos que parecieron horas.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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