sábado 30 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

De marchas y cacerolas

Las marchas sin precedentes en el país son la consecuencia de la ingober-nabilidad, del inconfor-mismo social, de la cada vez más empobrecida población
Escuchar este artículo
Image
Columna de
Diva Criado

Hago parte de esas más de 10 millones de personas que votó por Duque. Cuando voté por él, lo hice a conciencia, con la convicción de que se trataba de un soplo de aire fresco en medio de esa jauría permeada por la corrupción arrastrada gobierno tras gobierno, que llegó a su máxima expresión durante el gobierno de Santos y que terminó explotando en este. Puede que algunos tengan razón cuando afirman que llegó al poder por un golpe de suerte, gracias al desgaste de Santos y a que su contendor fuera Petro; o que ganó porque como diría de Gaulle, era el mal menor.

Creí en él, al margen de su poca experiencia en un cargo tan demandante. No creí el cuento de que fuera a ser un títere de Uribe, al fin y al cabo y a la larga, los mismos que rodearon a Uribe fueron los mismos que rodearon a Santos, y que rodearán a los que sigan, si en el país no hay un verdadero cambio. Quise pensar que Duque se rodearía de mejores asesores, de técnicos que no sólo fueran excelentes, sino que entendieran la complejidad del país y que se implicaran en un verdadero proceso de cambio, en beneficio de todos.

Pero, a estas alturas, después de un año largo de su posesión, hacer un balance sobre su gestión no es fácil por los niveles de polarización, mientras unos estamos desencantados, otros ven avances, sin embargo, a un jefe de gobierno como a todas las personas, hay que juzgarlas en función de sus propias acciones. Soy realista, la inconformidad ciudadana es evidente, la lista de reclamos es larga y justa, por eso, creo que las protestas son más válidas que nunca. Las marchas sin precedentes en el país y allá donde quiera que hay un ciudadano colombiano en el exterior son la consecuencia de la ingobernabilidad, del inconformismo social, de la cada vez más empobrecida población y de una juventud que no ve la luz al final del túnel. Por eso, no entiendo cómo es que este joven presidente tenga tan poca empatía con sus congéneres y que haya cohonestado con la estigmatización de la protesta social tomando medidas tales como el cierre de fronteras y ordenando el acuartelamiento militar de primer grado. Error táctico gravísimo, porque permitió que la manipulación, la falsa solidaridad y el oportunismo de políticos que continúan pescando en río revuelto hicieran del paro su bandera política. De lado y lado en nuestro polarizado país. Estos personajes deben asumir de una vez por todas que no ganaron o que ya no gobiernan, y por el bien del país, deben dejar sus egos y sus manipulaciones y buscar el consenso por el bien de todos.

Pero ese es otro tema.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad