sábado 26 de marzo de 2022 - 12:00 AM

Entre populismo y odio (1)

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Columna de
Diva Criado

La pandemia no es la única pesadilla, también ese descerebrado de Putin”. Decía Mrs. Keeley, una anciana longeva, que se detiene todas las mañanas en la escalera del edificio para conversar con todo el que pasa.

Recuerda vivamente, el conflicto más destructivo de la historia. Cuenta cómo vivió la Segunda Guerra Mundial, cuando los bombardeos alemanes sobre Londres, destrozaron la ciudad, acabando con la vida de familiares, amigos y miles de personas.

Tiene razón. El odio como el terror son instrumentos al servicio de intereses políticos. Odio y populismo, van de la mano. El populismo busca legitimarse a través del voto. Una vez, alcanzado el objetivo, lo siguiente es el absolutismo basado en su propia autonomía, reafirmada por la trilogía líder-pueblo-nación.

Los populistas se identifican por su retórica incendiaria y su constante apelación al pueblo, se creen voceros políticos de amplios sectores poblacionales. Ahí subsisten, clases sociales con diferente ideología que sienten amenazadas por un enemigo común: “la supuesta corrupción dominada por las élites”. Trazan planes para perseguir al enemigo a medida de sus delirios. Como diría Carl Schmitt, amigo-enemigo, es clave para polarizar masas y lograr su apoyo.

Son muchos los líderes políticos que con populismo han hecho del odio su emblema. Estudiosos de la vida de Adolfo Hitler, analizan cuál fue su método persuasivo, cómo logró construir una imagen de líder político para convertirse en líder supremo. Mussolini, prototipo del líder populista, alguna vez dijo: “No me gusta Hitler, me recuerda a un monje charlatán”. Pero terminó aliándose con él.

Hitler, argumentaba su totalitarismo y sus afanes bélicos como respuesta a la crisis económica, al desastre de la Primera Guerra Mundial, la decadencia moral e intelectual de Alemania. Buscaba alianzas con todos. El Führer, no encontró otra cosa mejor que utilizar el racismo para justificar sus fines.

El libro “Mein Kampf” (Mi lucha), que Hitler escribió en prisión mientras cumplía condena por alta traición en la cárcel de Landsberg, (1924), describe elementos autobiográficos combinados con relatos ideológicos. Era macabra su obsesión por la pureza de la raza; el odio a los judíos y sus prejuicios con discapacitados y negros; la libertad de expresión y el expansionismo militar -recuerdan a lo que hace Putin-; su desprecio por la democracia, etcétera.

Durante el nazismo, se imprimieron millones de ejemplares, dicen que se enriqueció; después, el libro prohibido se quedó olvidado. Expirados los derechos de autor, una edición crítica del 2015, realizada por expertos investigadores del Instituto de Historia Contemporánea de Múnich, impugna cada una de sus mentiras y medias verdades.

La conclusión seria y minuciosa, lo identifica como el mayor populista de la historia. Al leerle se aprecia la deshonestidad intelectual y su mundo de falsedades, que recuerdan a muchos líderes populistas de hoy.

Hitler recogió el fenómeno del populismo, convencido de que el objetivo es el mensaje, el medio, la violencia y la revolución tecnológica, por aquello de que, una mentira mil veces repetida se convierte en verdad. ¡La temida pos verdad! (Continuará...)

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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