sábado 29 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

Las campanas de la iglesia están sonando…

Heme aquí de nuevo en las proximidades de otro año que se va. Sé que hay un sinnúmero de temas del acontecer diario que podría abordar. Los negros nubarrones en el horizonte del país este 2018, hacen recordar aquel poema de Luis Cernuda “Ahora la estupidez sucede al crimen”

Pero no, hoy, no hablaré de eso. Hoy se me antoja hacer un viaje por las tradiciones en una de las fechas más tradicionales para celebrar la llegada del Año Nuevo

Despedir el año es una costumbre inquebrantable a nivel mundial. No debemos avergonzarnos de seguir las tradiciones que dejaron nuestros padres. Hacen parte de nuestra identidad.

Los colombianos no somos los únicos que hacemos rituales para despedir el año, he visto cosas tan absurdas como divertidas. Absurdo despedir el año lanzándose a las heladas aguas del río Bullaque en el Robledo, Ciudad Real, España. Divertido, los daneses que, tras terminar la cena de medianoche, toman los platos y los rompen contra las paredes; o los filipinos que se visten con coloridos vestidos para atraer prosperidad y éxito en el amor y que a media noche después de la cena, apagan luces y golpean los muebles de casa para espantar los malos espíritus y llamar a la buena suerte.

En Inglaterra, su tradición se remonta a la antigua Babilonia, en la víspera del año nuevo, era tradición pasear por las calles al ritmo de cantos gaélicos vestidos con pieles de vaca para ahuyentar a los malos espíritus. Actualmente las campanadas del Big Ben que dan comienzo al año nuevo se retransmiten en la BBC desde 1984. Los londinenses dan la bienvenida al Nuevo Año concentrándose en lugares emblemáticos como Trafalgar Square o Piccadilly Circus, y justo después de las campanadas del Big Ben, todos se dan la mano para cantar juntos Auld Lang Syne, “por los viejos tiempos”.

En Colombia, la entrada del Año Nuevo está plagada de rituales y ceremonias. La celebración va desde quemar el año viejo, comerse doce uvas, una por cada mes, hasta la divertida tradición de pasear por el barrio con una maleta para viajar todo el año. Ah…eso sí, no faltan los pantis y calzoncillos amarillos para atraer la buena suerte, el éxito y la felicidad.

“Faltan cinco pa’ las doce … me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá”.

Sean felices. ¡Les deseo un mejor 2019!

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