sábado 09 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Vacío de liderazgo

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Columna de
Diva Criado

Seguro que todos estamos de acuerdo. Aquellos que saben del arte de la navegación y los más profanos, entre los que me incluyo, en que cualquier barco que navegue, desafiando el oleaje, “sin timón, ni timonel”, va directo a estrellarse contra las rocas.

El símil sirve, para contextualizar el vacío de liderazgo de los políticos mundiales. Es cierto que la naturaleza de esta crisis es diferente a cualquier otra, pero también es cierto, que el barco está a la deriva y, en él, estamos todos.

Estados Unidos perdió el norte, abandonando completamente su rol de líder, un papel que interpretó globalmente, después de la Segunda Guerra Mundial. Desde el inicio de la crisis, la postura de Trump fue negacionista, ignoraba la existencia del problema, incluso ahora, cuando finalmente lo reconoce, sigue sin asumir un rol de liderazgo. Continúa con su política doméstica de “América primero”. Solo que ahora, lo es, pero en contagiados y muertos.

Winston Churchill, líder nato difícil de superar, pasó a la historia como el estadista metido en política que cambio la historia de Europa. En tiempos de COVID-19, el país de Churchill, con Boris Johnson a la cabeza, supera los 30 mil muertos, delante de Italia y España, y segundo después de USA. Esta semana, cuando Johnson se puso de pie en la Cámara de los Comunes las fuertes críticas no se hicieron esperar, un parlamentario preguntó: “¿puede decirnos primer ministro cómo hemos llegado a esto? El premier decidió no responder y, en cambio, dijo que comparar las cifras con otros países era inútil.

Las diferentes opiniones políticas, el desprecio por la ciencia y el impulso a la economía ha caracterizado la norma de conducta de líderes de turno. Algunos aprovechan la crisis para encubrir medidas que consoliden su poder. Confunden de tal forma, que desorientan a la gente, uno de ellos, Vladimir Putin en Rusia o el impulso de bloquear extranjeros desde China a Irán.

Los líderes latinoamericanos reaccionaron de forma dispar en torno al brote, ejemplo, Brasil con el controvertido Bolsonaro; Colombia tomó medidas oportunas evitando, hasta ahora, riesgos mayores.

Pero, el ascenso del populismo y el resurgimiento de la extrema derecha, agravan el problema, se han reducido los incentivos de los países para cooperar de forma coordinada. El enfoque que busca limitar el golpe económico es comprensible, pero también, una oportunidad para demostrar solidaridad sin condiciones.

Líderes europeos acordaron incentivar la economía con fondos de inversión para disminuir las consecuencias económicas, pero no pudieron ponerse de acuerdo para compartir equipos médicos. Alemania, Republica Checa y otros países, endurecieron las exportaciones de elementos médicos, a disposición solo de sus ciudadanos. Quizás, la postura más coherente, ha sido la franqueza de Ángela Merkel, advirtiendo sobre la magnitud del problema y del contagio del 70% de la población de su país.

Mientras el saldo de los afectados por el COVID-19 continúa aumentando y los mercados financieros siguen cayendo, la falta de liderazgo, representa un peligro igual o peor que la propia pandemia, acrecentando la ya debilitada confianza en los gobernantes.

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