Publicado por: Donaldo Ortiz Latorre
Esa región que es tan propia de Santander está, por falta de planificación de sus autoridades civiles, de previsión de la CAS, de políticas de recuperación de las fuentes de agua y arborización, en un racionamiento que da pena. Pena, porque no hay agua para un municipio que tiene 300 casas des-ocupadas, porque sus propietarios van por épocas (o sea que en plena temporada no habrá suficiente agua para todos), pena, porque después de atender pacientes y de operar, no se puede uno enjuagar las manos (me sucedió ayer). El problema del agua será permanente y cada vez será más difícil protegerla y conseguirla. Cada vez tocará traer de más lejos el agua, hasta terminar trayéndola del mar.
El agua ha sido despreciada durante años, ha sido vendida y ha sido olvidada, como si se tratara de un recurso renovable.
Sin embargo, así parezca una frase manida, sin agua no hay vida. Con ella no se juega y por eso también el páramo de Santurbán debe ser protegido, porque si no terminaremos desplazados como grupo humano, en beneficio de unos pocos codiciosos.
Los veranos intensos seguirán viniendo y esos veranos disminuyen los caudales; pero no solamente los veranos, la tala de bosques, el aumento de la población, que en el caso de Zapatoca, pasó de tres mil habitantes a ocho mil.
Las quebradas no dan abasto; ni la Zarza ni la Ramera serán suficientes para la vida, si no se aplican políticas de recuperación de bosques. Un alcalde audaz ya estaría negociando 100 ó 200 hectáreas, para hacer bosques y salvar las fuentes.
Para marzo estaba prometida la terminación de las obras del acueducto y no se cumplió, porque dicen que los contratistas (PMAC) se gastaron el dinero y porque además, no eran idóneos para hacerla. Seguramente, la mano larga de la politiquería facilitó la adjudicación. Faltan 500 metros para llegar a la quebrada de la Ramera, pero se acabó el dinero. El alcalde debe estar preocupado por tanta ineficiencia de los contratistas que nombró la Gobernación.











