lunes 10 de junio de 2019 - 12:00 AM

Batalla perdida

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La lucha contra la corrupción ha fracasado porque los mismos corruptos en su cínismo, hablan contra ella. Esa es la manera de pasar de agache, echarle la culpa a los demás. En España se engulle esa corrupción, según el FMI, 60 mil millones de euros anuales. En Colombia no se ha podido determinar exactamente el monto, pero se calcula en unos 50 billones de pesos anuales.

Para empeorar todo, el experto mundial Ray Fisman, de la Univeridad de Boston, advierte que “están emergiendo nuevas formas de fraude”. El amiguismo es una de esas formas en el Estado colombiano. Y esto sin considerarar las pérdidas generadas por obras entregadas que luego se derrumban (es imposible no temer por el puente Hisgaura). Y qué decir de las cuentas en Suiza o en Panamá, los relojes de marca, los automóviles o, como contó Jaime Gutiérrez, “El Loro”, la lavadora que le llegó a la casa sin remitente. ¿Y ahora, dijo? Y le tocó llevarla a la Policía.

En camapaña florecen los intercambios de favores, de financiación de candidatos que ante la competencia terminan recibiendo tulas, pero tulas que amarran favores y obligaciones. Y esto funciona así en muchas partes del mundo, no es solo en nuestro país.

La pregunta que se hacen los expertos es: ¿cuánto se elevaría el PIB de Colombia si esto se controlara realmente? La corrupción tiende a difrazarse para pasar con sutileza delante de nosotros: las puertas giratorias, el lobby en el Congreso, las donaciones para lograr, por ejemplo en salud, un beneficio para una EPS determinada, la disminución de impuestos a las gaseosas que vuelven diabéticos a millones de personas. Todo eso también es corrupción.

Lo grave es que se desconoce en nuestro país cuánto se eleva la corrupción anualmente. “En España crece 1% más cada año”.

Lo que sí es cierto es que aquí en las campañas políticas se filtra la corrupción. La compra de votos pervirtió a la sociedad colombiana. En Haití, Duvalier “desmontó las vías del tren para vender el metal”. Aquí, venden nuestras empresas y nuestros recursos. Y tristemente los electores son más benévolos con los corruptos si ellos logran hacer subir siquiera un tanto la economía.

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