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Donaldo Ortiz Latorre
Domingo 04 de febrero de 2024 - 12:00 PM

Democracia y mafia

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Italia, cuna de la Cosa nostra, de la Camorra y de la Ndrangheta siempre ha tenido problemas para enfrentar ese gran número de hombres violentos que componen las mafias. Sin embargo, el verdadero escándalo no es la cifra incontable de muertos (parecida a la de Colombia), sino la cooptación que han hecho allá (como aquí) del Estado. Ellas se infiltran como carteles en la policía, la justicia y el Congreso. Se sabe que un primer ministro (Andreotti), cardenales y sectores de la economía como al banco del Vaticano, han estado comprados por la mafia. Ese es su éxito y su manera de accionar.

Aquí, la economía mafiosa nutrió y nutre todos los renglones de la economía y ha hecho poderosos a clanes y a la guerrilla misma. Ha enriquecido a muchos sectores de este país y le dio oportunidad a lo peor de la sociedad de ser reconocido por su dinero y por sus bienes. Lucha desigual y nunca ganada porque todos sabemos que ese negocio da poder y da placer, y por eso las mafias son longevas.

Bajo ese paraguas poderoso se guarnecen todas las hermandades de sangre del inframundo, y mientras no se aborde de otra manera esta guerra a las drogas nada cambiará.

Aquí la fragilidad del Estado es más notoria, y a eso se suma el hecho de que la ciudadanía desconfía de las instituciones como la Fiscalía y la Procuraduría, por su clientelismo y por patrocinar la impunidad. Hay desconfianza y no se cree posible tener una democracia real y sin violencia.

Lo cierto es que hay otra verdad importante: la historia del crimen organizado ha sido determinante en la historia tanto de Italia como de Colombia.

El país no tendrá una verdadera democracia mientras exista ese maridaje entre política y mafia. Por eso es importante cumplir los tiempos. El tiempo de este fiscal está pasando y la Corte Suprema de Justicia debe facilitar está elección y acabar la interinidad para no dejar a una vicefiscal cuestionada por sus enlaces demostrados con la mafia.

Nota

Tenemos más de 54 embajadas, pero muchas de ellas solo son cuotas políticas, favores pagados con sueldos altísimos, como hacía Duque, con empleadas de servicio colombianas pagadas por nosotros, con conductores llevados desde aquí y carros lujosos. Igual pasa con muchos consulados, como por ejemplo el de Mallorca, donde dicen que el cónsul pasa todo el día en bermudas. ¿Esa es nuestra diplomacia inútil y cotosa? ¿Ya los cambiaria este Gobierno que lleva año y medio?

No necesitamos sino austeridad y no abusos ni lujos con peluqueros, masajistas y diseñadores. Copien a Pepe Mujica del Uruguay que no permitía lujos innecesarios y vivía y vive como un espartano.

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