lunes 18 de enero de 2021 - 12:00 AM

El Alejandro desconocido

Se sentía feliz hablando del periódico, de su familia y de otras historias de su vida, como cuando el presidente Barco o Gaviria le ofrecieron ministerios que el rechazó
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Es difícil siempre escribir sobre un amigo. Todos tenemos en la vida luces y sombras pero Alejandro era brillo casi siempre. Es difícil escribir sobre un amigo y más cuando ha influido tanto en la vida y el futuro de nuestra región. El Alejandro que percibíamos en la intimidad de las reuniones celebradas en torno “al cordero a la miel” era muy diferente al que en la calle era visto como imperturbable. Alejandro era, por el contrario, un ser extremadamente humano, respetuoso y sensible y cálido también.

Esos momentos de la vida son irrepetibles y sabemos que solo se salvan colocando la memoria a nuestro servicio. La música, la alegría y la conversación hacían el resto de la tarde y el inicio de la noche. Estos encuentros fértiles valían más de un amanecer. En una ocasión Alejandro contó que él vivía buscando seres que lo hicieran libre, como hombre de grandes y genuinos anhelos.

Durante años, más o menos cada dos meses, celebrábamos la ceremonia del cordero, y con ella la vida y la amistad. En esas reuniones logramos (todos y algunos nos sorprendíamos), conocer a otro Alejandro, capaz de llorar escuchando una canción o contando anécdotas. Se sentía feliz hablando del periódico, de su familia y de otras historias de su vida, como cuando el presidente Barco o Gaviria le ofrecieron ministerios que el rechazó.

Nos decía que era ajeno a esos honores y que su alma a la que dedicaba sus mejores esfuerzos era el periódico que fundara su padre.

Lo disfrutamos en el otoño de su vida, de pronto más reposado y sin los afanes de otras épocas. Recuerdo su admiración por el desinterés de su padre a las finanzas de Vanguardia y también el agradecimiento por la disciplina que les exigía y el amor que les dio.

Todo eso lo logramos conocer en las tertulias que pierden a su más egregio participante.

Nos entristece su partida. Nos alegra haber conocido estas facetas, las luces que lo engrandecen.

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