lunes 24 de agosto de 2020 - 12:00 AM

El amasijo Colombia

Al final, el presidente como el poema de Fernando González, está en “Otraparte”.
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Colombia constituye un amasijo de virtudes y defectos, como todas las naciones, pero es evidente que sus líderes y su presidente terminan por aplastar aún más ese amasijo que es el país. Se nota un presidente ausente con unos ministros que solo parece, saben hacer negocios como el ministro Carrasquilla, o el de minas, o una canciller silenciosa y poco activa salvando a Colombia. O un ministro de defensa (¿o de guerra?), o un ministro de medio ambiente que no cumple con su deber para el que fue nombrado.

Ningún ministro, ninguno, para preocupación del país, está protegiendo a su población, sus miserias y sus desdichas. La población no entiende las matanzas y masacres que se ensañan contra las barriadas y pueblos que solo buscan paz y trabajo. Pero ni una ni otra se cumplen.

Un presidente que visita Samaniego, Nariño, que también queda en Colombia, donde han sucedido las masacres y la gente en coro grita: “queremos paz” , el presidente solo promete terminar un estadio que nunca entregarán.

Sabemos y la historia así nos lo enseña que cuando las “guerras civiles acaban, no se ha resuelto el infierno que fueron”. Nadie las gana; las dos partes las pierden. Hay una derrota moral al matarse entre hermanos. ¿Habrá remordimiento por haber sido más ducho en el arte de matar? ¿Volverá como quieren muchos ese monstruo agazapado entre los bandos a seguir cobrando venganza como está sucediendo? La paz, bien o mal ha tratado de extirpar “el tumor bélico”, pero la amenaza de otra guerra flotará en el país durante mucho tiempo. Curarse es difícil. Debemos para ser nación, abandonar la “ nitroglicerina histórica” que sigue matando sus líderes como Sucre, Uribe Uribe, Gaitán, Galán, Álvaro Gómez, y miles de ciudadanos que buscan vivir en paz.

Al final, el presidente como el poema de Fernando González, está en “Otraparte”.

Nota

Para seguir repitiendo que no hay democracia, los veedores de la obra del acueducto de Barichara que lleva años en construcción y buscando una solución a la falta de agua, envían derechos de petición a las funcionarias encargadas del desarrollo de la obra y nunca son respondidos. Pobre Barichara, al “pueblito más lindo” de Colombia lo carcome la corrupción.

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