lunes 27 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

El bello Guadalupe

Los alcaldes de nuestros municipios deben buscar salidas productivas con sus activos en tierra y proponerles a las comunidades sembrar productos que les generen bienestar. Tarde o temprano se tendrá que hacer.

Hice mi rural en Guadalupe como médico del hospital San Antonio, hospital bello y completo para la época, en donde terminé después de haberme volado con Nora. Recuerdo que después del trabajo pasábamos tardes de ocio y ejercicio en el pozo La Gloria, en las Gachas y en el Salitre, entre caballos, sombreros y piedras quemadas por el sol. Fue un año feliz de comida deliciosa, de trabajo agradable, de aprendizajes vitales, todo en un pueblo lleno de gentes maravillosas.

Ayer volví otra vez después de cinco años y me encontré con un pueblo todavía bello, organizado, con la misma calidad de sus gentes, con la sonrisa y el amor a la vida de siempre, con sus bellos paisajes y con unos rebosantes pozos, que obligan para encontrar la fuente de la eterna juventud a bañarse en sus aguas benditas. Todavía no han sido avasallados y trastornados por el turismo, que corrompe todo cuando se sale de control.

Se ven japoneses, norteamericanos europeos curiosos y colombianos por estos paisajes hermosos y estos caminos y calles de piedra en un entorno donde el café crece entre bosques llenos de aves y de pavas, y donde el verde contrasta con el blanco de las casas coloniales. Así es, el turismo que busca el mundo es el silencio, el agua limpia y la gente amable. Ahora el pueblo está lleno de hostales agradables. La Casa Médica donde vivimos es ahora un hostal, la casa de las monjas que velaban por el hospital es otra.

La comida, también, se mantiene auténtica y sabrosa. Prueba de ello el almuerzo en la bella casa donde vive ahora Cayo Velazco, que era el conductor de la ambulancia. Esa casa pertenecía a un padre italiano venido de la Segunda Guerra Mundial.

A diferencia de Guadalupe, otros pueblos tienen un turismo más ruidoso que alteran la tranquilidad. Aquejados por la pobreza, muchos de los habitantes de otros municipios no pueden pagar arriendo costoso por lo que les toca terminar viviendo donde sus familiares Los paraísos, ciertamente, son frágiles. Los alcaldes de nuestros municipios deben buscar salidas productivas con sus activos en tierra y proponerles a las comunidades sembrar productos que les generen bienestar. Tarde o temprano se tendrá que hacer.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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