lunes 30 de mayo de 2022 - 12:00 AM

El delirio electoral

Hagan el acuerdo de privilegiar la inteligencia y la niñez, que crece en tantas zonas del país sin agua potable, sin comida, sin educación digna y con temores y carencias de amor. Apostémosle a la lucidez

Mientras escribo faltando una hora para el cierre de la jornada electoral no sabemos quién ganará en este día, pero los que pasen a segunda vuelta como dicen las encuestas, de los cuatro candidatos (si la hay), tendrán la obligación y la grandeza moral de no iniciar una guerra sucia y de odio entre los dos que quedan para beneficio de Colombia que lleva años sumida no solo en la corrupción centenaria que carcome los cimientos de la República, sino en un huracán de violencia. Sabemos desde el empréstito inglés a Colombia en 1822, que de las 140 mil libras esterlinas no le quedó nada al país porque Zea y sus amigos se robaron todo. La corrupción nos ronda y Reficar, Odebrecht, Centros Poblados (la exministra Abudinen ahora reparte regalos a los niños pobres) son solo sus ejemplos más visibles. Saqueo que nos vuelve más pobres y más dependientes.

Hasta de imitar, se vuelve el dictador “bueno” Gaspar Rodríguez, doctor Francia, siempre vestido de negro, elogiado por Eduardo Galeano, que hizo del Paraguay un país modelo de desarrollo y de riqueza y cuya honestidad personal jamás fue puesta en duda. No permitió la deshonestidad de sus funcionarios, fomentó la agricultura y quitó la dependencia alimentaria de su país, hizo que la justicia funcionara y no permitía ni los obsequios, que es otra forma de corrupción, desbordada en este gobierno que despedimos. Y lo más importante, todos los niños sabían leer y escribir.

Esperamos que los que pasen, Petro, Rodolfo, Fico o Fajardo (no lo sabemos), no tornen la segunda vuelta en una guerra de odios, haciendo de estas elecciones una hecatombe y algo apocalíptico. Como colombianos pedimos una verdadera paz y un país más equitativo y más educado. ¿Será que seremos capaces de entrar a la modernidad, con todo lo que ello significa? ¿Será que nos desprendemos de la vieja política y damos por fin cabida a un mundo donde se privilegie el conocimiento y el respeto por la naturaleza, que nos devuelve, por agredirla, infinitas pestes con virus que permanecían escondidos?

Hagan el acuerdo de privilegiar la inteligencia y la niñez, que crece en tantas zonas del país sin agua potable, sin comida, sin educación digna y con temores y carencias de amor. Apostémosle a la lucidez.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad