lunes 28 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

El espectáculo

En Colombia, parece que ninguna noticia interesa a nadie si no la dice Uribe, si no la dice Castrillón, el que sonaba para Papa, si no la dice la radio o la prensa para convertirla en espectáculo. La muerte de un gobernador que tenía como escolta a un solo policía no estremece a nadie, la masacre de mujeres y de niños, tampoco estremece a nadie, la quitada de cabezas, los asesinatos en serie, las violaciones, sino son hechas espectáculos, no conmueven a nadie.

Si hay un senado que huele a cloaca, si hay un senado que recibió y aplaudió de pie a los jefes paramilitares, que frenéticamente los elogiaban para después traicionarlos, para después decir que nunca estuvieron con ellos cuando recibieron muchos favores (no dicen que son más del 60% de honorables senadores), que están atragantados por el dinero que recibieron untado de sangre para sus campañas. Eso tampoco conmueve a esta Colombia. Se tolera todo porque parece que los criterios éticos son un estorbo para la vida ciudadana. Bueno, no dicen que la mentira fue instalada como 'instrumento de gobierno' por ese general del siglo antepasado que competía, sin merecerlo por una gloria que siempre le fue esquiva. Si hubiera un antipersonaje en este 2009, debería ser el Senado, donde la autonomía no existe, donde la aplanadora pasa aprobando cuanto proyecto envié el gobierno, cuanto se le ocurra a los secretarios, a los asesores. No solamente estaba involucrado el 60% de los senadores en la parapolítica, sino que los que quedaron como reemplazos también, estuvieron en eso, todo estaba sucio, pero lo grave es que los que quedaron porque no les tocó la investigación al no tener vínculos, tampoco fueron dignos y no renunciaron y soportaron las embestidas permanentes del gobierno.

La aplanadora salvó a Uribito y a su subalterno, el ministro Fernández en el senado. Ahí, no importó la verdad sino el poder. La manipulación del mismo para no dejar caer un ministro mediocre y mentiroso (vuelve una vez más la mentira a ser 'instrumento de gobierno'). Ver salir a un ministro que mintió todo el tiempo, que hasta copió sus palabras, sonriendo como un cínico, deja a la ciudadanía un sabor de impotencia y de indecencia.

Pero ese es el poder y hay 'que ejercerlo', dicen, los que leen a Maquiavelo al pie de la letra.

La aplanadora por último, volvió delito la 'dosis mínima': con razón decía mi papá que este país es conservador y santanderista.

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