lunes 07 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

“El imperio de la ley”

El sistema judicial no sólo colapsó, sino que también fracasó, pues estamos de 175 de 183 países con la justicia más lenta del mundo
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Desafortunadamente vivimos en un país corrupto, donde los politiqueros saquean todo y la justicia tarda años en resolver sus procesos, donde muchos jueces y gobiernos se han vendido, condenando a la ciudadanía a vivir en el peor de los países posibles.

Si aquí no hubiese corrupción vaya y venga, pero no es así. Aquí la justicia ha tenido personajes como Pretelt, lleno de fincas mal habidas, ha tenido a Bustos que huyó, ha tenido a fiscales como el fiscal anticorrupción, Luis Gustavo Moreno, con un sinfín de estudios y un sinfín de malos hábitos, autor de cuatro libros, entre ellos uno llamado Falso testimonio. Y pensar que al señor lo paseaba el exfiscal oscuro, Néstor Humberto Martínez. Y así, numerosos farsantes, como ciertos representantes de Santander, cuya inteligencia es limitada y no les da para mucho, abundan y hacen parte de una u otra forma del Estado colombiano. Triste ver que la justicia se convirtió como muchas instituciones del país, en un botín. Sigue el “tú me eliges, yo te elijo”.

Hay carteles en todo, la de la hemofilia, en medicamentos, en el gobierno, en la justicia, en la Contraloría, en las Fuerzas Armadas, en los sindicatos, en la educación y ahora la del COVID. Definitivamente va a ser muy difícil reconstruir el país. Tarea casi imposible en la cual tardaremos décadas. Es normal que el pesimismo nos invada. No basta sino ver las calificaciones de nuestras instituciones: son pésimas. El sistema judicial no sólo colapsó, sino que también fracasó, pues estamos de 175 de 183 países con la justicia más lenta del mundo. Por ejemplo, en Bucaramanga hay cuatro acciones populares y demandas sobre el páramo de Santurbán, y llevan años o meses sin moverse. Los magistrados se tiran la pelota.

* Nota

Están bien los bicicarriles, pero no estamos en Europa. Estamos en una ciudad cuya calidad de vida está amenazada, cuyos andenes no protegen al peatón, que es mayoría. Su planificación no fue socializada y son poco utilizadas. Acá el problema es que no hay un servicio público de transporte que invite a ser usado. Por eso mismo creció el mototaxismo. Ciertamente la culpa no es del alcalde actual, ni del pasado, viene de décadas atrás.

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