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Donaldo Ortiz Latorre
Domingo 18 de febrero de 2024 - 12:00 PM

El paraíso debe volver la Biblioteca Gabriel Turbay

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No es lo que pudo ser la Biblioteca de Alejandría, no es de su tamaño y sabiduría, pero es nuestra biblioteca, en este mundo que parece olvidar el tesoro que es el libro. Ya lo dijo Jorge Luis Borges: “De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación”. Las bibliotecas son ese lugar paradisiaco, como lo dice el mismo Borges.

Borges, que recorría la Biblioteca Nacional de Buenos Aires ya ciego, y sabía dónde se encontraba cada libro, abriéndose camino en la oscuridad de la biblioteca con la “delicada precisión de un equilibrista”, a diferencia de Jorge de Burgos, “ese guardián ciego y asesino sigiloso, de la biblioteca abacial de El nombre de la rosa, de Umberto Eco”

Pues esta biblioteca de Bucaramanga, la Gabriel Turbay, cumplió el 3 de septiembre de 2023; 50 años de fundada, y la Secretaría encargada de su manejo, que estaba llena de contratistas (dicen que más de 350) recomendados, no los celebró para la ciudad como era debido. Tener una biblioteca es algo mágico, hay que celebrarlo, no con cumbias, sino con lectura y arte para toda la ciudad y sus barrios. Poca gente se enteró. Estaban dedicados a la política y a los negocios y el ex alcalde se nota que no había leído un solo libro en la vida.

Vanguardia nos los recordó en un artículo de Euclides Ardila. Sus fundadores fueron Rodolfo González García, que promovió su creación y fundación y Jorge Valderrama Restrepo, alma de su continuidad y de la emisora en 1986.

Muchos dicen que ya nadie va a las bibliotecas porque todo es virtual, pero lo oportuno y valioso es activar nuevamente la lectura y la alegría en esos sitios sagrados para el conocimiento y el encuentro. No es el edificio en sí, es lo que significa y lo que hay adentro (cuentan que en 8 años no se compró un libro), la memoria y la fantasía de la humanidad, del país, de la ciudad.

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