lunes 26 de abril de 2010 - 10:00 AM

El político

Ortega y Gasset intentó describir al político excepcional y acabó tal vez describiendo al político puro (si lo hay o si existe). Éste, para Ortega 'no es un hombre éticamente irreprochable, no tiene por qué serlo' (Ortega considera insuficiente o mezquino juzgar éticamente al político: 'hay que juzgarlo políticamente').

No estoy  hablando del politiquero ese, que, todo lo ve con afán burocrático, como un negocio, como un ser insaciable de negocios y de puestos (ya conocen a bastantes o conocen a muchos). En el político que pretendió Ortega y Gasset  describir existen o conviven cualidades 'que en abstracto suelen considerarse virtudes con otras que en abstracto suelen considerarse  defectos, pero aquellas no le son menos consustanciales que éstos'. Algunas virtudes (o defectos) son la inteligencia natural, el coraje, la serenidad, la garra, la astucia, la resistencia, la sanidad de los instintos, la capacidad de conciliar lo irreconciliable. Los defectos (o virtudes) son la falta de escrúpulos, el talento para el engaño, la vulgaridad o ausencia de refinamiento en sus ideas y sus gustos (o el exceso), la ausencia de vida interior o de personalidad definida, 'lo que lo convierte en un histrión camaleónico'. El político puro es lo contrario de un ideólogo, 'pero no es solo un hombre de acción; tampoco es exactamente lo contrario de un intelectual: posee el entusiasmo del intelectual por el conocimiento, pero lo ha invertido por  entero' y según Ortega, la primera virtud del político es su intuición histórica. Para Javier Cercas, el escritor, Isaías Berlín  lo hubiera llamado: 'el sentido de la realidad' un don transitorio que no se aprende en los libros ni en las universidades y que les permite en un momento determinado saber 'qué encaja con qué, qué puede hacerse en determinadas circunstancias  y qué no, qué métodos van a ser útiles en qué situaciones y en qué medida, sin que eso quiera necesariamente decir que sean capaces de explicar cómo lo saben ni incluso qué saben'. Y no hemos hablado de la ambición desmedida (en él, sí es desmedida), pero todo ser humano tiene una ambición, todo artista, todo científico tiene una ambición, pero esa ambición no es una cualidad o una virtud o un defecto, sino simplemente una premisa. ¿Quién en Colombia encaja con ella? Y no estamos hablando del politiquero (ese, que tiene solo desarrollado los defectos), sino del político puro de Ortega o de Berlín con 'intuición histórica' o  'sentido de la realidad'.

¿Qué político encaja? Yo no lo sé, pero ustedes de pronto sí lo saben o algunos sí lo saben.

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