lunes 01 de abril de 2019 - 12:00 AM

El Santísimo

Todo indica que El Santísimo es un negocio maltrecho que se montó para promover el turismo sin ningún éxito, pues este no llegó

Nos seguimos preguntando sobre el futuro de El Santísimo. ¿A quién beneficia este monumento? ¿Santander ha aumentado sus ingresos con este proyecto que gastó miles de millones de pesos de nuestras regalías? ¿Trajo desarrollo a nuestra región?

Las personas van una vez y no vuelven. Es un embeleco ir por los costos y por el poco encanto que tiene esa estatua pretensiosa (querer igualar al Cristo del Corcovado de Río de Janeiro es bastante ambicioso porque estar mirando al mar es más agradable y poético).

Todo indica que El Santísimo es un negocio maltrecho que se montó para promover el turismo sin ningún éxito, pues este no llegó. Al contrario, su difícil acceso limita la llegada de posibles turistas. Las atracciones paralelas no existen: no hay hotel de calidad, zoológico estaba en los planes (¿con avestruces también?) y las zonas comerciales carecen de encanto. La promesa de empleos y desarrollo de la región quedó en veremos en esa zona que tenía protección ambiental.

Del monumento se nos dijo que era “una figura etérea”. Se buscó integrar “iconografía cristiana, budista (Buda fue gordiflón), hinduista, egipcia y hasta prehispánica” (¿cuál dios?). Faltó Zeus, señor del Olimpo.

Los beneficios de este proyecto no se han observado ni a mediano ni a largo plazo. Así que podemos considerarlo un fracaso que no trajo beneficios a la comunidad y sí le dio riqueza a unos pocos. Mejor hubiera sido un proyecto en Morrorico, que es sitio de peregrinación y de visita desde hace muchos años.

De esto deberíamos aprender los santandereanos a no improvisar con nuestras regalías. ¿Por qué nuestra dirigencia se mantiene muda ante estos hechos? ¿Por qué los promotores siguen siendo premiados con cargos políticos? ¿Dónde está el tan mencionado “talante frentero” santandereano que citan los historiadores? ¿Dónde quedó la frugalidad, la vida de principios y la vida austera que nos caracterizó?

Estamos callados y avasallados ante el nuevo modelo político que privilegia el negocio y la corruptela. Parece, en fin, que nuestros cerebros tuvieran gelatina y no pensáramos en el futuro.

Nota: Hay que leer el libro Sodoma: Poder y Escándalo en el Vaticano, de Fréderic Martel. El cardenal López Trujillo es el paradigma de la hipocresía y la doble moral.

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