lunes 02 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

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Tiene tiempo presidente Duque para cambiar de rumbo. Cuide a Santurban, presidente.
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El nuevo presidente de Argentina, Alberto Fernández, va a estimular la economía popular creando 4 millones de empleos en un plazo de 5 años. Así, dice, va a reducir en 10 puntos la pobreza. Para los que se molestan porque hablamos de Duque, les preguntamos si después de 15 meses de gobierno se le ha ocurrido eso y no lo de siempre: más reformas tributarias, más impuestos, más pleitesía al mercado. La corrupción se engulle el futuro de los jóvenes robándose un puente como el de Hisgaura, carreteras, hospitales, etc. Por eso marchan.

El plan en Argentina consiste en el desarrollo de miles de proyectos productivos en todo el país, “coordinados desde el Estado y ejecutados por organizaciones de la sociedad civil, destinados a sistematizar múltiples actividades de la economía popular”. Desde producción de alimentos saludables para escuelas, hasta servicios de electricidad, plomería, o cuidado de personas mayores.

Garantizan el “empleo mínimo”. El Estado garantiza el empleo. La “economía popular” espera perforar el piso de pobreza estructural en un 25 por ciento. Reactivando el mercado interno, con esta economía social se pretende acabar el hambre y los trabajos de indigencia.

Ojalá tuviéramos estos economistas o un presidente que avizorara que estimulando la producción de alimentos, la producción textil, el reciclaje, etc.. ayudaríamos a muchos colombianos.

Para lograr esto se invertirán 1200 millones de dólares por año, el 0,3 por ciento del PBI logrando “crear 800.000 empleos al año”. Incluye, presidente Duque, actividades de reforestación, recuperación y educación ambiental. Todo se movería con los municipios donde la corrupción se controle. Tiene tiempo presidente Duque para cambiar de rumbo. Cuide a Santurban, presidente.

Colombia no ha sabido materializar todavía su enorme potencial. Un país “con un vasto territorio”, con capacidad de alimentar a todos sus habitantes no lo hace porque su dirigencia ha polarizado a Colombia por cuenta de sus odios. La seguridad alimentaria debe asegurarse porque hay mucha hambre y los poderosos que se llaman cristianos y rezan de rodillas no les importa el hambre que sufre el 10 por ciento de la población urbana. Según la Unicef la mitad de los niños y niñas colombianas son pobres.

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