lunes 13 de mayo de 2019 - 12:00 AM

“La madre patria”

Hay que luchar por la región de Soto Norte, pues esa provincia que queda a pocos kilómetros de Bucaramanga continua a la deriva por la politiquería y abandonada por el Estado

Aunque este país se cuestiona a toda hora sobre su futuro, casi nunca encuentra respuestas esperanzadoras. Lleno de pasiones, contradictorio, matándose todos los días por ideologías o partidos, enredándose en telarañas vive el país.

Aunque hoy hay todavía algunos que parecen no saber que el agua es nuestra vida, la defensa de Santurbán es cada vez más contundente. A la marcha asistieron miles solo con la conciencia de defender el agua que corre, pues como dice el poema: “Más abajo que yo, siempre más abajo que yo, siempre más abajo está el agua”.

Esas miles de personas que espontáneamente caminaron pacíficamente amas de casa, niños y niñas, personas comunes que todavía creen que su conciencia puede detener la destrucción del mundo por el cambio climático y el daño de hábitats. Esa ciudadanía que marchó alegre nos conmueve y debemos celebrar esa actitud.

Nuestro planeta tiene mucha agua, pero el 97% es salada y no sirve para beberse ni para usarse industrialmente. La humanidad crece a un ritmo de 80 millones de personas al año, lo que implica una demanda de agua dulce aproximadamente 64 mil millones de metros cúbicos anuales. La lucha por Santurbán, entonces es una lucha por el futuro de la humanidad.

Y de la misma forma, hay que luchar por la región de Soto Norte, pues esa provincia que queda a pocos kilómetros de Bucaramanga continua a la deriva por la politiquería y abandonada por el Estado casi desde que Colombia es República. Para esa región no hay ni compra de tierras ni inversión social por parte del Acueducto Metropolitano, aunque lo hayan prometido tantas veces. Se deben desarrollar por parte de entidades como la Cámara de Comercio programas de turismo ecológico, que los extranjeros aprecian. Quedan maravillados viendo esas lagunas silenciosas y melancólicas que habitan los cóndores.

Lo único lamentable es que los congresistas de Santander no fueron a marchar (excepto Fabián Díaz, que se paseó en zancos). Vinieron cuatro senadores de otros departamentos, pero los nuestros no aparecen en las grandes decisiones del país, porque están viendo qué puestos les dan para sus amigos y sus parientes.

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