lunes 06 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Donaldo Ortiz Latorre

La obstinación contra los justos

Cada uno, gobierno y guerrilla, están como en un hospital psiquiátrico, peleando la sábana vieja de una vieja cama (Colombia). Es un diálogo en el nadie cree, o no parece creer. En esa locura de las armas y el poder y también del negocio, cada uno cree que tiene la razón.

El ELN parece que viviera en otra dimensión, ajeno a la lucha diaria de la inmensa mayoría de los colombianos. Hablan un lenguaje encriptado que sólo lo entienden ellos y dicen que va a ver paz, pero siguen con los secuestros o “retenciones”.

No creemos que en este momento en que nos merecemos la tranquilidad como país, el ELN solo esté pensando en prolongar el conflicto y fortalecerse como movimiento guerrillero. Una cúpula que se envejeció buscando supuestamente un mejor país, como sucedió con las FARC, que terminó con todos sus jefes barrigones en el senado y allí, no brillan por sus proyectos ni por su elocuencia (vivían en otra realidad, la del mando, la del juicio sin defensa, la del poder que dan las armas que anulan cualquier diálogo ). Sin sembrar ni un árbol.

Este proceso de paz que inició hace poco con tanto formalismo, con tanta “sobadera de chaqueta”, se incumplió con el secuestro del señor Luis Manuel Díaz, padre humilde del esforzado jugador Luis Díaz. Puede uno pensar que el gobierno se sentó con una guerrilla que no cree en el proceso y sus bloques andan haciendo negocios con los colombianos desprevenidos. Sabemos que andan en el negocio de la minería como las otras fuerzas y de rutas para dedicarse al cruel secuestro.

Después de varios gobiernos y más con uno que quiere el cambio, tampoco se ha logrado nada. Y a pesar de eso se sientan y hablan como si estuvieran en la Torre de Babel. Se repite lamentablemente la historia de Pastrana.

¿Lo que el ELN quiere será posible cumplirlo? ¿Paz sin desarme?

“De qué sirve ahora lanzar una barbarie contra otra, un asesinato contra otro”, decía Camus.

Que Colombia no siga degollando ni secuestrando su propio corazón. No más cegueras ni odios. No merecemos esta guerra que castiga a los civiles.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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