lunes 14 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Las próximas elecciones

La ciudadanía está esperando no un mesías ni un demagogo sino una persona que al fin después de tanto tiempo realice cambios estructurales.
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Todos estos gestos y todos estos actos deben hacernos pensar en las elecciones de 2022. El presidente actual lleva al país hacia el abismo. Ni él ni sus ministros atinan.

En esa búsqueda de un líder o un equipo que realmente quiera sacar a este país del lodazal andamos hace mucho. La ciudadanía está esperando no un mesías ni un demagogo sino una persona que al fin después de tanto tiempo realice cambios estructurales.
En este gobierno todos los males se han agudizado: pobreza, corrupción, injusticia, abandono del campo (cómo es posible que salga más barato traer cebolla roja y plátano de Ecuador que de Ocaña, Arauca o del Quindío).

La juventud debe empoderarse para encontrar soluciones. En el año 2022, la juventud de menos de 22 años representará el 30 % de los votantes, y a ellos no puede asustarles el cambio, porque hoy no tienen futuro. Estudian con grandes esfuerzos económicos y salen a pelearse el trabajo, que es escaso, para poder pagarle al Icetex, ese banco que vive de los pobres. Esos jóvenes tienen que decidir en el 2022 en lugar de todos tanto partido corrupto.

El problema es que de los candidatos que se asoman, ninguno carece de puntos débiles: Fajardo, que poco dice y siempre se va por las ramas; Petro, que es elocuente pero de carácter autoritario; Vargas Lleras, que lleva en sus hombros el lastre de la politiquería y su falta de humildad; Alejandro Char, que no muestra ideas sino dinero, y desconoce la Colombia no Caribe. Robledo, buen senador pero sectario. Rodolfo Hernández, hablando con vehemencia pero amenazado por la Procuraduría. Juan Manuel Galán, moderado y estudioso pero sin acogida. Paloma Valencia, estridente y pendenciera.

Los jóvenes deben exigir un presidente que quiera recuperar nuestra vocación agrícola y que no venda el país. Que haga cambios en la Justicia y en el Congreso, que sirva y proteja al campesinado, a las comunidades afro, a los indígenas. Y que, solo en último lugar, sirva a los poderosos, que ya se encuentran protegidos por su misma condición.

Nota: Un mes antes se había convocado la caravana por Santurbán y nadie advirtió nada. Nadie se rasgó las vestiduras. Miles de personas aman el páramo sin hipocresías.

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