lunes 11 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Los Benefactores

Benefactor de la Patria, el Honorable Presidente, el Paladín de la Democracia, el Primer Médico de la República, el Supremo Coloso, el Genio de la Paz, el Salvador de la Patria, el Héroe del Trabajo, el Primer Periodista de la República, el Generalísimo de las Fuerzas Armadas y otras ochenta y siete altísimas distinciones. Su excelencia el Generalísimo Profesor Dr. H.C. Rafael Leónidas Trujillo Molina, es a quien me refiero. El dictador dominicano que a base de miedo, terror, analfabetismo, mentiras y apoyo de los EE.UU, que lo terminaron ellos mismos, asesinándolo una madrugada de junio de 1961. Compartió vecindad con Papa Doc, médico de profesión, quien gobernó Haití igual que Trujillo a la República Dominicana, a punta de mentiras, de terror (tenía grupos paramilitares de su lado que cortaban cabezas), y de vudú. Papa Doc logró incluso que la Iglesia le autorizará nombrar los obispos, y como legado no dejó más que uno de los países más inviables del mundo. Ambos «benefactores» fueron protegidos por EE UU del comunismo. Los tiempos de la guerra fría.

Ese modelo de dictadorzuelos llenos de títulos comprados ha dejado de servir y dar confianza (así algunos quieran elevar a los altares a sus jefes aquí en Colombia). Asimismo hemos aprendido que toda dictadura, fuera de izquierdas o derechas, lo único que ha sabido dejar es pobreza, exilio y corrupción. No obstante, en Colombia que pregona su democracia, uno de cada 10 niños está desnutrido. Es un país violento y corrupto, donde los politiqueros colombianos, que compiten entre ellos por decir mentiras y por comprar votos se mantienen. “Con la mentira se acostumbra a ir muy lejos, pero sin esperanzas de volver”, dice la Biblia.

En efecto, aquí los politiqueros siguen pensando en sus negocios y en lo ricos que saldrán de sus cargos. Van repitiendo sus mentiras, pues ellos, como Goebbels, saben que esa es la manera más eficaz de que la gente tome todo por verdad. Y lo peor es que ahora en las redes, la mentira ha encontrado el hábitat más fructífero para multiplicarse e imponerse.

Todos sabemos que Venezuela y los países de América Latina padecen el mismo mal: la inutilidad y decadencia de sus clases dirigentes.

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