lunes 16 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Los caminos reales

Caminamos cuatro horas y media, cuatro horas bajo el inclemente sol del trópico que nos acompañó todo el tiempo y caminamos para llegar a Jordán desde Villanueva por el camino antiguo, el de la sombra

(¿qué tal que nos hubiéramos ido por el camino del sol?), el sol nos castigó casi hasta insolarnos, pero valía la pena, porque esos caminos tan bellos, tan abandonados, pensábamos, hay que recuperarlos no solamente para la historia de ese Santander, que fue ejemplo de desarrollo, sino para todos sus habitantes y para que reconozcan el esfuerzo que hicieron nuestros antepasados por vivir en esta difícil pero bella tierra de sol y de montañas y de piedras.

Caminamos con Gilberto Camargo, Jaime Higuera y varios amigos como botánicos, historiadores, topógrafos, etc., pensando en recuperar esos caminos y volverlos a utilizar para que las nuevas generaciones los aprecien. Los antiguos españoles que vinieron a poblar nuestras tierras llenas de luz como Castilla, hicieron los mejores pueblos que ahora intentamos recuperar por su belleza, por su armonía, por su tranquilidad que asombra a Colombia y porque además, esos andaluces, asturianos, aragoneses y navarrros, vinieron con sus familias para quedarse y vivir con los indígenas que no desaparecieron y formar, así, esa Colombia que ahora tenemos en estas tierras ariscas y áridas, de gente que fue y debe ser laboriosa y con tanta dignidad que hasta su pobreza es 'digna y limpia'. Y como dice José Manuel Prada Sarmiento: 'El aislamiento impuesto por las ásperas breñas ha producido el hábito en el santandereano de valerse sólo y la ha infundido confianza en el propia esfuerzo creador.' Es una geografía singular que nos hace creer que somos una fuerza telúrica de manera individual, pero no colectiva.

Caminamos porque queremos que el gobernador, el doctor Horacio Serpa Uribe, apoye el proyecto de recuperación de los caminos reales de Santander que Gilberto Camargo, después de caminar infinidad de veces por ellos, ha elaborado y sabemos que el Gobernador está interesado en recuperarlos porque esas bellezas de caminos no se pueden olvidar ni dejar destruir por la negligencia de algunas autoridades locales.

Jordán es un bello municipio hundido en el cañón del Chicamocha, con un clima seco, con sus calles llenas de soledad, como si fuera una antigua aldea española, con una población escasa, pero generosa al extremo, acogedora y alegre. Como llegamos tarde no había almuerzo y entonces nos fuimos para la 'Tasca Vasca' en San Gil, donde Inmaculada, la esposa de Salustiano Duarte, prepara sus propia carta y le pone la sabiduría vasca y su alegría y sabor a sus deliciosos y generosos platos. ¿Qué más?

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