lunes 01 de junio de 2020 - 12:00 AM

Maldiciones

Y la peor maldición puede llegarnos si rompen nuestro Páramo, no habrá sal para sacarse la desazón del alma. No habrá conjuro que los salve ni piedra que los esconda.
Escuchar este artículo

Maldiciones desde siempre, desde cuando Yahvé maldijo a Caín: “Ahora, pues, maldito serás tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra”.

Esas son las maldiciones de la Biblia proferidas a raíz de las infamias de los hombres. Después vino el diluvio: “Todo lo que hay en la tierra morirá”. Se salvó Noé, que estuvo borracho las cuarenta noches con sus días, lleno de tristeza.

Maldiciones contra los reyes por su ingratitud, como la de Lope de Aguirre, rebelde hasta la muerte. Maldiciones de los reyes contra sus traidores cortesanos, contra sus hijos deseosos de expulsarlos del trono, reyes y papas, agarrados a sus sillas, maldiciendo sus destinos y llorando la pérdida de un castillo, o un tesoro. La maldición recorre la historia humana.

Ahora recuerdo la maldición que encontré escrita en una venta de antigüedades, colgada en la pared, mientras caminaba por una calle de Buenos Aires. “Ánimas rectas y correctas las que en Purgatorio estáis de penitencia, nadie te llama a ti. Yo te llamo, nadie te busca, yo te busco, camino de infierno irás, tres varas cortarás, tres largas se volverán, se clavarán en el corazón tuyo para que no pueda vivir ni descansar ni con soltera, ni con viuda ni con casada. Que venga que venga que nadie me lo detenga, que ande que ande, que nadie me lo pare, que corra que ninguna puta ni ningún cabrón me lo socorra”. El pobre hombre debe andar por ahí...

Con todo, el país sobre el que más maldiciones parecen recaer es el nuestro. Tiene la maldición de la corrupción, de los politiqueros que se comen nuestro tributo, de presidentes mediocres que regalan nuestros recursos. Estamos malditos con una justicia politizada que paga favores con su largo brazo, obedece como el Fiscal.

Y la peor maldición puede llegarnos si rompen nuestro Páramo, no habrá sal para sacarse la desazón del alma. No habrá conjuro que los salve ni piedra que los esconda. Debemos buscar, seriamente, el conjuro que nos salve de todos ellos, los que han llevado a la patria donde ha llegado.

Otras columnas
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad