lunes 17 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

Nos toca ser “chalecos amarillos”

Lo que más afecta a la juventud, dice el filósofo jesuita Vicente Durán Casas, es que les roben su futuro. Este robo, hoy, sucede a costa del medio ambiente, de la destrucción de las fuentes de agua, bosques y selvas, así como por medio de la corrupción, que sustrae recursos que podrían ser utilizados en salud, educación, etc. No les estamos dejando sino mugre a nuestros hijos. Por todo eso, creo, es que marchan en Francia los chalecos amarillos y por lo que deberíamos seguir marchando en Colombia.

Los chalecos amarillos son trabajadores, no necesariamente de derecha o de izquierda, y su protesta social, iniciada a mediados de noviembre (los que apostaban a que fuera solo un relámpago de rebeldía se equivocaron) han logrado que el presidente Macrón reversará la decisión de subir el precio de los carburantes. Al movimiento social y de protesta lo apoyan estudiantes, taxistas, personas de clase media que no ven que lleguen un día a pensionarse; saben que sus hijos no tendrán educación ni salud. Ciertamente, el alza del precio de la gasolina fue solo el desencadenante de la protesta social, que, en el fondo quiere un Estado menos neoliberal y más humano. Por ello, no hay ideología que se pueda apropiar de este movimiento, nacido espontáneamente del desencanto y desesperanza por el futuro.

Macrón es acusado de traicionar a las clases menos favorecidas y de privilegiar, como casi todos, a las élites. El movimiento lleva ya tres semanas y va a celebrar Navidad en el Eliseo. Su lucha es por detener la destrucción de la calidad de la vida y la contaminación y destrucción del planeta. Si ha habido violencia en su protesta, eso no se compara en nada a lo que el neoliberalismo ha robado y acabado. Los apoyan estudiantes, escolares, conductores, profesores, médicos cansados de su situación. Todos ellos piden la dimisión de Macrón. El 72 por ciento de los franceses los apoyan, aunque otros digan que ese apoyo llega hasta el 80 por ciento. Recuerdan al movimiento 5 estrellas de Italia: cambiar la política. Sin lugar a dudas, de ellos deberían aprender quienes lideraron la consulta anticorrupción, que fue entregada a Duque para terminar siendo embolatada y engavetada.

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