lunes 15 de agosto de 2022 - 12:00 AM

¿Pasarán las maldiciones en este país?

Este país ha tenido maldiciones desde siempre, desde cuando se formó como república en esa lucha de poder entre Bolívar y Santander. Esa estela de sangre no ha parado. Son ríos de sangre hermana los que han corrido en estos dos siglos de construcción, o mejor, de destrucción de patria. Es como si Yahvé hubiera maldecido a Colombia cómo maldijo a Caín: “Ahora, pues, maldito serás tú de la tierra...”

Escuchando al nuevo jefe de Planeación Nacional (nos querían poner uno de poca monta), uno se pregunta: ¿dónde estaban esas inteligencias? ¿En qué mar de mediocridad andábamos? Al uno escucharlo entiende uno la necesidad del cambio de modelo de la “matriz energética”. Entiende uno que hay que ser productivos para que haya trabajo real y no informal. Habla del famoso banco de los pobres, el Banco Grameen, que hizo ganador al líder social y banquero bangladesí del Premio Nobel, Muhammad Yunus.

Cómo no asombrarse de esos personajes que nos hablan de mundos posibles y que siempre se han aplazado en esta Colombia.

Cómo no maravillarse del discurso del presidente ante los industriales. Nos damos cuenta que la desgracia hubiera sido mayor con el otro candidato que no era sino un caneco vacío. ¿En qué lagunas de mediocridad estaba sumergido el país? Ahora vemos que se levanta feliz esa inteligencia postergada a construir los rincones olvidados de esta patria infeliz por cuenta de micropoderes y carteles de corrupción, narcotráfico, politiquería y guerrillas anacrónicas. Carteles volviendo más pobres a sus propios compatriotas. Pareciera que el país carga con esas maldiciones que parecían perpetuas (todavía algunos sueñan con detener la historia)

Con todo, el país sobre el que más maldiciones parecen recaer es el nuestro. La maldición de presidentes mediocres ya idos que venden el país y que regalan nuestros recursos. Estamos malditos con una justicia politizada que paga favores con su largo brazo.

¿Habrá descanso y esa paz anhelada para poder vivir en este país maravilloso y rico? ¿Podremos disfrutar de los dones de la tierra?

Debemos buscar, seriamente, el conjuro que nos salve de toda esa mediocridad egoísta.

Nota: Hay que echarle ojo a la contratación de la feria de Bucaramanga. Nadie nos cuenta los gastos desorbitantes para tan pocos días. Son reactivaciones económicas que no transfieren riqueza real. Hay que hacerle seguimiento a la oficina de riesgos y desastres que a nivel nacional y departamental se volvieron, como lo dice Coronell, en un “hueco sin fondo”.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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