lunes 16 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Tiempos modernos

Pero cualquier día sale un virus, una partícula microscópica, y comenzamos a temblar de miedo.
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La humanidad atraviesa confusos momentos. El miedo nos acecha y nos revela nuestra fragilidad. Aunque no sepamos cómo asumir este tiempo de crisis, debemos recordar que solo en el corazón humano está la valentía necesaria para superar sabiamente los problemas.

Debemos escuchar a los pensadores y filósofos, que exponen nuestras numerosas y dolorosas faltas y fracasos con otros seres humanos y con la naturaleza. Solo así podemos enmendar la situación. En la guerra contra la desesperación y el desasosiego, solo la sabiduría humana carga las banderas de la esperanza.

La larga historia de la humanidad enfrentada a sus enemigos naturales es extraordinaria y apasionante. Hemos sobrevivido a las pestes y a cataclismos, y hemos sido capaces de aplazar la catástrofe gracias al ingenio de mujeres y hombres destacables. Por eso la crisis de hoy debe convencernos aún más de la necesidad de apoyar ciencias y humanidades, pues es en estos momentos cuando ellas más se necesitan: las unas nos protegen y las otras nos enseñan a vivir.

Andamos sin que nos importe el futuro hasta que, como sucede cada tanto, nos azota una crisis. Deberíamos aprender de una vez por toda la importancia que tiene el educar bien a la sociedad y el contar con sistemas de calidad eficientes y dignos. Poco previsivos, creemos que lograremos dominar como el alquimista, como el inmortal, los secretos de la vida. Pero cualquier día sale un virus, una partícula microscópica, y comenzamos a temblar de miedo.

Nota: Una vez le pregunté a mi tío Gonzalo Ortiz Lozano S.J., recién fallecido después de estar en la Compañía de Jesús durante 83 años, que si había tenido dudas de su vocación. Me dijo que nunca, que cuando se fue con mi papá para el noviciado, estaba seguro de lo que hacía. Mi papá duró dos años y se salió, y el superior le preguntó a mi tío que si él también se iba. Le dijo que no porque desde que había entrado supo que esa era su casa. Tenía eso que yo no tengo, fe eterna, convencimiento profundo de su papel en la tierra y lo cumplió. Ya descansa en paz.

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