lunes 24 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Una reflexión

El acento en torno a este tema debe concentrarse en tres prioridades: Educación sexual para elegir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir
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¿Es el aborto un trance doloroso? Sí ¿Es una decisión difícil? Sí. Pero esto no puede llevarnos a creer que por lo tanto el acto debe ser penalizado. El aborto legal no aumenta la tasa de abortos existentes, pero sí mejora las condiciones de salubridad de los procesos. En Colombia se habla de un promedio de 400 mil abortos inducidos y 911.897 embarazos no deseados, según el instituto Guttmacher de Nueva York. El registro de abortos en Colombia es más alto que el promedio estimado por las OMS para América Latina, que es de 31 por cada 1.000 mujeres. Las estadísticas muestran que “cada año una de cada 26 colombianas en edad reproductiva tiene un aborto”. Los embarazos no deseados se traducen acá en que “89 de cada 1000 mujeres no los desean y por eso esos 44% de ese tipo de embarazos termina en aborto inducido”. Esa cifra de embarazos no deseados ha ido aumentando. ¿A qué números habrá que llegar para entender lo que está pasando? Debemos como sociedad abordar el problema del aborto y de la libertad de la mujer. Y en este debate no es necesario mencionar a Dios. Las mujeres no deben ser culpadas. Hay situaciones que contempla la Corte Constitucional. ¿Habrá que extenderlas? Nadie puede imponer un embarazo a nadie, no estamos en la época feudal cuando el señor se acostaba con la recién casada y después sus soldados seguían para que si quedaba embarazada no se le pudiera imputar la paternidad al señor feudal y no tuviera que fraccionar su herencia. Mucha gente cree que el aborto es una celebración al egoísmo y una fiesta de la indiferencia. Muchos hombres que caracolean como un semental culpan a la mujer. El acento en torno a este tema debe concentrarse en tres prioridades: Educación sexual para elegir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir. Tenemos que asumir el debate de manera seria y sin hipocresías y no continuar organizando un cementerio de restos de mujeres casi todas pobres, rurales y jóvenes por supuesto las más vulnerables que mueren en el intento de abortar en condiciones insalubres. Permitámonos reflexionar con sensatez sobre el marco en que se nace y se muere en esta Colombia.

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