Llama la atención sobre la desaparición de especies. La tierra sobrevive de milagro, los bosques se destruyen sin compasión. El humo de las fábricas nos asfixia sin que pase nada.Ishtana, nos dice Donaldo Ortiz Latorre en el prólogo 'traduce el sentimiento que brota más allá del alma, es el grito de la tierra. Su nombre significa eso, la tierra en lengua Bari... Es la tierra colectiva'.Gloria canta en sus versos a la melancolía, a la nostalgia, al espíritu, a la esperanza, a la soledad, le canta al Amor en cantos existenciales y testimoniales. La Casa del Maestro, uno de sus poemas, nos trajo el recuerdo de los sesenta años que vivimos de cerca. De niños veíamos al Maestro por entre las rendijas que pintaba en sus lienzos el Tríptico del Club del Comercio que lo hizo famoso. Departimos a manteles para saborear los tamales que nos hacia Anita, la madre de la prole del pintor.Olor a linaza y a pintura de óleo, olor perpetuo que nos inspira cuando vemos sus obras inmortales. Oscar está ahí, en el lienzo, en el caballete, en el estudio, en su casa. Nos parece que aún está presente. No podemos borrar de la mente su figura, esbelto, a veces serio. Cariñoso con nosotros por la vieja amistad de nuestros padres.'Entramos al estudio, ese santuario donde el arte retozaba en el lienzo y la paleta. Igual que mariposas que en férul danza de perfumes y rosas fueron estampando para siempre el germen embrionario de las formas'.'Esta cocina guarda la memoria de una exquisita conjunción de viandas. Olor a las recetas de la abuela de su añorado Huila y a las sofisticadas que aprendiera en Francia. Se agolpan las nostalgias y rebosan al borde de las lágrimas, igual que antaño, espumosa y blanca, se venera la leche, con ese inolvidable, delator, aroma a descuido de infancia.''La casa está vacía. La habitan ahora, intensamente, los cuerpos etéreos de la ausencia las cambiantes formas del recuerdo. Un largo pasillo con sesenta años de historia pegados al desteñido esmalte de los muros y al rucio verde y blanco de los pisos que hace más fría las baldosas y más solitario el sentimiento.'