Un sol canicular cubría la iudad de Boston en el verano de 1962. El cónsul de Colombia Jorge Pérez Gimeno, nos había encomendado representarlo en un concierto exclusivo para músicos. Se trataba de la presentación del clavecinista colombiano Rafael Puyana Michelsen. Symphony Hall estaba repleto de personajes dedicados a la música. Terminada la presentación recibió una estruenda ovación, era entonces muy joven porque apenas frisaba los 30 años; podemos afirmar que se trataba de un verdadero genio. Lo saludamos y con gran emoción recordó a sus parientes residentes en Bucaramanga. Hoy, su muerte nos conmueve porque revivimos a un hombre que desde muy temprana edad se destacó mundialmente como el mejor intérprete del clavicémbalo. Miembro de una familia amante de la música, su bisabuela materna Carmen de Michelsen, fundó la primera Sociedad Musi-cal que hubo en Bogotá; su abuelo Ernesto Michelsen, era un gran aficionado a la música; y su tía Blanca Michelsen de Rodríguez, pianista, lo inició a los 6 años. Puyana entró a estudiar piano con el profesor italiano Giacomo Marcenaro, mientras adelantaba sus estudios académicos en el Colegio San Bartolomé y en el Liceo Cervantes, de donde se graduó como bachiller.A los 13 años hizo su primera presentación en el Teatro Colón de Bogotá; interpretando una Sonata de Haydn para un concierto benéfico. A los 16 años viajó a Estados Unidos e ingresó al Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra, en Boston. Impulsado por su deseo de estudiar el clavicémbalo, se hizo discípulo de la profesora Wanda Landowska, llamada “humanista, ejecutante y apóstol del clavicémbalo”, pues a ella se debe, en gran parte, la resurrección de este instrumento ya instalado en Lakeville, Connecticut, donde vivía su profesora. Estudió ocho años bajo su dirección al tiempo que adelantaba cursos de música en el Hart College of Music de Hartford donde se graduó.