No tiene fuerza para abrir sus puertas/ La voz de la cultura se enmudece/ Sus viejas glorias ya parecen muertas./ Aquí el Libertador detuvo el paso/ Alejado del campo de batalla,/ Siguiendo, en el remanso de su ocaso/ Lo que trazó la Convención de Ocaña./ Nuestro esfuerzo podría quedar inane/ Para salvar nuestro museo Guane/ Que celoso vigila nuestro ancestro./ Señor Gobernador, señor Alcalde,/ No dejen que esa Casa muera en balde/ Denle una panacea: “presupuesto”./ Con estas frases el poeta Juvenal Fonseca Moreno hace un retrato sobre la situación que vive actualmente la Casa que habitó el Libertador durante 72 días como Presidente de la República.El doctor Martín Carvajal Bautista, uno de los principales fundadores del Acueducto de la ciudad, exoneró de pago a la Casa de Bolívar. Martín era bolivariano de tiempo completo. Además, sabía que un monumento, el único que tenemos, tenía que resistir la falta de presupuesto.Muy fácil resulta hoy, cuando nuestros gerentes desconocen la historia, cobrar gruesas sumas de dinero por servicio de energía eléctrica a nuestros centros históricos sin que nadie se conmueva. Consideramos que la falla está en el colegio. Para recuperar el tiempo perdido por culpa del pénsum educativo, hay que retornar a la escuela, para que aprendan de dónde vinimos y para dónde vamos. Un error del Ministerio de Educación Nacional haber abolido la cátedra de Historia, tan importante para quienes rigen nuestros destinos. Al colegio de nuevo señores gerentes, para que aprendan no solo historia, sino Educación Cívica. Que les enseñen que las llamadas telefónicas se deben contestar, así como la correspondencia.Quien no conoce la historia está condenado a repetirla, dice el adagio. La ciudad antigua se está destruyendo para dar paso al nuevo urbanismo. ¿Qué pasaría si no fuera por las escasas fotografías que nos quedan de lo que fue Bucaramanga? No tenemos dolientes, y eso pasa por no elegir a los nuestros que saben, conocen y sienten nuestro pasado.