martes 30 de junio de 2020 - 12:00 AM

¿Dónde están mis medicamentos?

A los mayores de 70 años nos ofrecen enviar los remedios a casa, pero eso sucedió un solo mes. ¿Quién responde? Todo es una burla en la que nadie aparece para recibir una queja.
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Estamos acostumbrados a que se burlen del pueblo sin que pase nada; se abusa y no hay a quien reclamarle. Hasta hace poco funcionaba en el Barrio San Pío el dispensario de Éticos en un local incómodo, insuficiente, sin aire y en medio de gritos, empujones, malos olores, unos pegados a los otros, gritos y protestas. Parece que la Alcaldía lo cerró y nos dieron como premio, trasladarlo al Barrio Lagos, como quien dice, para que no vuelvan.

El personal que atendía era muy querido, sin embargo, pedía los códigos de los medicamentos. ¡Insólito! Nadie entiende por qué el paciente debe saber el código de un medicamento, le corresponde al dispensario manejar los intríngulis de la operación. Piden además fotocopias, no obstante llevar las fórmulas y los demás documentos que exigen.

Ahora, con el confinamiento, hay que contratar mensajeros que cobran $ 15.000.oo por el mandado, más el parqueadero y el tiempo por la demora en las interminables filas de parroquianos. Una vez en la ventanilla le ponen todas las trabas posibles. Si alguien logra conseguir parte de los medicamentos, nos queda preguntar por algo que nos sucedió. Entregaron parte de los medicamentos al segundo mensajero, tres de cinco, sin embargo, en el computador aparece que todos fueron entregados.

No hay cómo reclamar, los teléfonos que aparecen en los medios electrónicos, nunca contestan, los que envían por teléfonos celulares, tampoco. En el directorio aparecen los números de los dueños del negocio y tampoco hay respuesta. A los mayores de 70 años nos ofrecen enviar los remedios a casa, pero eso sucedió un solo mes. ¿Quién responde? Todo es una burla en la que nadie aparece para recibir una queja.

Se requiere mejorar el servicio y no seguir burlándose del pueblo inerme que no tiene más que someterse a las adversidades de quienes manejan esos lucrativos negocios que a la postre los pagamos los beneficiarios.

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