martes 03 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Entre cauces y arados

Repasando el libro de Pedro Fidel Ocaziones volvimos a vivir algunos pasajes de nuestra niñez. 

El viaje que hicimos a Barranquilla pasando por Barrancabermeja para tomar el 'Jesusita' compañero del 'David Arango', vapores de la época que navegaban el río de La Magdalena.  Del sur venían familias que, como nosotros, iban a pasar vacaciones a la Costa Atlántica. Muchos a conocer el mar, esa inmensa parte de la tierra cubierta por agua que nos transforma la mente ante un panorama incomprensible.

También se usaba el tren, ese interminable gusano que por obra y gracia de nosotros mismos dejamos acabar.   En el mundo entero el tren es un gran medio de transporte humano y de carga. Quienes lo conocimos lo añoramos con nostalgia.   Al llegar al puerto fluvial pernoctamos en el famoso Hotel Pipatón.   Por la noche, antes de zarpar, pescamos y las turbulentas aguas del río que entonces era una verdadera arteria de nuestra Patria.  Por esos días inauguraron el bar 'Costeña'.

Río arriba y río abajo pasaban los planchones repletos de mercancías cubiertas con inmensas carpas.   En las playas pudimos ver caimanes que tomaban tranquilamente el sol sin importarles nuestra presencia.  Una papayera alegraba el ambiente.   El Capitán nos invitó a conocer su cabina y nos dio explicaciones del manejo del aparato.  A los dos lados el verde intenso de la selva nos hacía sentir como si se tratara de un safari.  De vez en cuando aparecía una pequeña población desde la cual sus habitantes nos batían pañuelos blancos en señal de saludo y amistad.   Algunas veces invitaban a parar para conocer la idiosincrasia de sus habitantes.

Durante la travesía una distracción era ver mover la inmensa rueda que giraba para empujar la embarcación.   Lo curioso era ver las pequeñas canoas que pasaban y entraban en las ondas formadas por la rueda que las mecía y zarandeaba como si fueran de papel. El viaje terminó en una madrugada cuando a lo lejos vimos una culebrilla muy larga formada por las luces de Barranquilla que cada vez se acercaba más a nosotros. Allá nos esperaba Roberto Puyana Valderrama entonces Presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas de Barranquilla y cuyo zoológico lleva su nombre.

Del tren guardamos los recuerdos que nos duelen, haber acabado con el ferrocarril y el autoferro. Qué locura la que hemos cometido.  El Café Madrid fue toda una historia que está dormida porque poco se habla del lugar otrora puerto terrestre.  Nos queda solo el recuerdo de una época que gracias a Pedro Fidel hemos vuelto a recordar con entusiasmo porque nos relata pasajes que vivimos y que nunca más volverán.

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