martes 17 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Ética periodística

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Nos preocupa la crisis ética que existe en algunos medios de comunicación que orientan a los colombianos. El lector, el oyente, el televidente, está expuesto al criterio del periodista que aparentemente no tiene control. Es lo que ahora llaman, libertad de prensa. Publican declaraciones sin confirmar de dónde vienen, lo que ocasiona desinformación. Estamos sumidos en una situación dañina para la buena marcha del país. Hay manipulación en las declaraciones falsas o ciertas, son tergiversadas. La noticia la distorsionan y encausan, según el interés del comunicador.

En mi época en El Tiempo, existían normas que se debían acatar, de acuerdo a los cánones de ética y honestidad para informar. Todas las mañanas, a las once, se reunía el cuerpo de redacción con el Director, entonces Don Roberto García-Peña y se planificaba el trabajo a desarrollar; cada uno tenía su propia responsabilidad. Nada se censuraba, pero se advertía sobre las incongruencias en algunos casos de la edición anterior. Se desarrollaba autocrítica, en especial, por aquello de las “chivas”.

Con motivo de la actual agitación social, manipulada por cierto, los comunicadores se han mostrado descarados en la presentación de los hechos. Un noticiero de televisión mostraba una marcha “apoteósica” en Bucaramanga; en la pantalla se veía un pequeño grupo de manifestantes.

Preocupa a la ciudadanía la falta de respeto por parte de algunas emisoras. Los chistes de mal gusto, las palabras soeces y de doble sentido, perjudican el buen nombre de la radio que se ha convertido en cadenas que transmiten a nivel nacional. La vulgaridad y la grosería son la moda. Los medios están para educar y más en un país que tanto lo requiere. Un extraordinario papel cumplirían los medios si ayudan a educar al pueblo. Iniciemos una campaña para evitar que sigan deteriorando nuestras buenas costumbres, nuestro idioma y nuestro buen comportamiento. Teníamos la creencia que los periodistas empíricos serían mejor reemplazados.

La vulgaridad y la grosería son la moda. Los medios están para educar y más en un país que tanto lo requiere.

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