martes 16 de febrero de 2010 - 10:00 AM

Gobierno del general Santander (VIII)

Durante su mandato estimuló la explotación minera y la siderurgia y fomentó la exportación de productos agrícolas como el tabaco, el café y el algodón. Canceló deudas atrasadas de gobiernos anteriores por más de medio millón de pesos, puso al día los sueldos atrasados, adquirió maquinaria, reparó edificios públicos y dejó en caja más de un millón de pesos, pero sobretodo impulsó la educación pública con el método de Jeremías Bentham lo cual junto con la reglamentación de los cementerios desató las protestas de la Clerecía Reaccionaria. Al final de su administración había triplicado el número de escuelas y duplicado el número de niños escolares.

La agitación del Clero Reaccionario sumada a los viudos de la Dictadura Bolivariana desencadenó un movimiento conspirativo contra el nuevo Gobierno que encabezaron el General español Bolivariano José Sardá y el Coronel Mariano París, quienes fueron juzgados con todas las garantías legales pero huyeron y fueron protegidos por algunos frailes, entre ellos Antonio Herrán, futuro Arzobispo de Bogotá y después Presidente de Colombia. Fue descubierta la conspiración y asesinados sin que pudieran imputarle a Santander esa orden.

Al final de su mandato en 1837 entregó democráticamente el Gobierno al sucesor legalmente elegido, doctor José Ignacio de Márquez, su amigo inicialmente pero distanciados después. Santander apoyó al General José María Obando, su antiguo Ministro de la Defensa. El 15 de febrero de 1836 Santander contrajo matrimonio en Soacha con la dama Sixta Tulia Pontón y Piedrahita con quien tuvo tres hijos: Un varón que murió a pocas horas de nacido y sepultado en el Cementerio Central recién construido y dos hijas. En 1833 tuvo un hijo con la dama María de la Paz Piedrahita, llamado como su padre Francisco de Paula Santander, quien siguió la carrera de las armas y alcanzó el grado de General.

Poco después de un fuerte debate en la Cámara de Representantes con el General Eusebio Borrero, Secretario del Interior, su amigo y condiscípulo del Claustro de San Bartolomé quien le increpaba haber cometido el crimen imperdonable de Sardá y París, el General Santander fallece por complicaciones de enfermedad biliaria. Por disposiciones testamentarias fue inhumado en el Cementerio Central de Bogotá donde se conserva la tumba declarada Monumento Nacional.

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