martes 16 de marzo de 2010 - 10:00 AM

La transformación de la ciudad

Con mi fraterno amigo Daniel Rueda Gómez, resolvimos dar un paseo por el centro de la ciudad a fin de observar su desarrollo. Comenzamos el recorrido por el Parque de Santander, en donde existió una bella fuente de agua. Hoy está apagado y abandonado. La falta de baños públicos hace que la gente haya convertido el parque en un inodoro público. La estatua del General Santander se convirtió en un monumento insignificante si la comparamos con el esbelto pedestal que existió y que era de los más bellos. Un Alcalde de turno resolvió llevarse el mármol y los candelabros franceses, no sabemos a dónde.

Bajamos por el Paseo del Comercio y lo encontramos libre de vendedores ambulantes. Uno que otro que no quiere cumplir las leyes sigue insistiendo en obstaculizar el paso libre a los peatones. Algunos dueños continúan sacando las mercancías de los almacenes para exhibirlas en el espacio público. Falta de administración.  El desaseo continúa porque todo el mundo bota a la calle cuanto papel encuentra. Observamos que nadie mira el semáforo para cruzar las calles. No hay campañas cívicas.

La Avenida del Libertador que nadie conoce por su nombre, debe incluirse en la señalización; así se lo hemos solicitado al Burgomaestre.  Nos sentimos como en las grandes ciudades del mundo al ver funcionando el nuevo sistema de transporte. Se acabó la parada cada tres metros de los buses viejos, la gente está aprendiendo a utilizar el servicio con orden y respeto por los demás. Nos llamó la atención ver en una Estación a un funcionario de la empresa conduciendo la silla de ruedas con un parapléjico. Qué buena cosa. Las aceras despejadas solo se veían obstaculizadas por motocicletas mal estacionadas que impiden el libre tránsito.

Nuestros conductores han dejado de utilizar el pito y solo se requiere que los sancionen cuando los buses forman caos en las esquinas.  Falta control de tránsito, agentes suficientes y severidad para quienes no quieren aceptar que todo tiene que cambiar. Caminamos hasta la Puerta del Sol en donde otrora hubo una batalla. Poco se conoce la historia de lo que allí aconteció. Desde los puentes vimos algunos transeúntes cruzar la calzada sin importarles el peligro que conlleva ser imprudente.  Más civismo señores.

 

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