De una sola sentada leímos el libro de Alberto Donadío, quien a la postre resultó ser pariente nuestro. Una bella descripción de sus ancestros y los nuestros, nos colmó de nostalgia al recordar tantos apellidos de italianos que vinieron a nuestra Patria en los Siglos anteriores. Nos dice en su investigación que muchos paisanos vinieron a Cúcuta, movidos por el café. Recordemos que las primeras exportaciones del grano se realizaron desde Salazar de las Palmas.El libro se ocupa también de italianos que no son de la familia pero cuyos nombres dejaron huella muy honda en Cúcuta, como fueron: Edoardo Riboli y Tito Abbo. No conocimos los personajes pero sí oímos hablar con insistencia a nuestros padres acerca de los dos personajes. Donadío se documentó para la realización de este trabajo en el Archivio Storico Diplomático del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia en Roma, donde reposan los documentos que trazan la historia de los Cónsules Italianos que se asentaron en las orillas del Río Pamplonita.El primer Cónsul, nombrado en 1864, fue Andrea Berti Tancredi, seguido de Giacomo Fossi, Agostino Berti y Luigi Faccini. Salvo en el caso de Fossi, los Copello son descendientes de los cónsules. Por el lado Faccini es nuestro parentesco y todos venidos de la Isla de Elba, en Italia.En cuanto a Bucaramanga se refiere, hace muchos años murió el Cónsul Florindo Maroco, desconocemos si dejó archivos. Gracias a la existencia del Consulado de Italia en Cúcuta, se conservan documentos históricos en Roma que permiten reconstruir con bastante exactitud el arribo y la presencia de la colonia italiana.Bucaramanga tuvo la presencia de los alemanes, aunque no muy nutrida, dejó el nombre de Lenguerke, como símbolo de esa nacionalidad. Roberto Harker Valdivieso publicó alguna reseña de los extranjeros en nuestro territorio, sin profundizar mucho, como lo ha hecho Alberto Donadio en su reciente publicación.