martes 31 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Toque de queda

Igual que ahora, la ciudad quedó desolada hasta el otro día. Esas 24 horas fueron de pánico; todos “pegados” al radio, un General Electric de gran tamaño
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Tenía ocho años de edad aquel 9 de abril de 1948. A las pocas horas del asesinato de Gaitán el gobierno nacional decretó el toque de queda. Recuerdo vivamente las volquetas que transportaban a los soldados del Batallón Ricaurte que recorrían las calles de la ciudad y el sonido del clarín que ordenaba el confinamiento.

La sirena del Garnica comenzó a sonar sin cesar. Esa sirena se utilizó en un comienzo para indicar la entrada y salida de las obreras de la fábrica “El Buen Tono” de Don Luis Emilio Garnica. Posteriormente anunciaba que algo anómalo ocurría en la urbe; incendios, inundaciones, temblores, crímenes, que yo recuerde. No había otro edificio más alto que el de Garnica, eso permitía que la pequeña población de entonces, oyera en los cuatro puntos cardinales el sonido de la muy famosa sirena de Garnica.

Igual que ahora, la ciudad quedó desolada hasta el otro día. Esas 24 horas fueron de pánico; todos “pegados” al radio, un General Electric de gran tamaño, anunciaba los mensajes que se transmitían anunciando que la familia tal se encontraba en buenas condiciones. Era el único medio que existía para saber de los seres queridos.

Al final de la tarde, una turba irrumpió en las instalaciones de la Zona de Carreteras, situada en la carrera 21 entre calles 35 y 37, no existía la calle 36. El depósito de azadones, picas, barras, baldes, escobas etc. fue desocupado en minutos.

Un episodio muy triste aconteció en las horas de la noche, una mujer abandonó a su bebé recién nacido en el zaguán de una casa vecina. Los teléfonos de entonces eran con operadora que algunas veces se demoraba en contestar, había que esperar que los pares los desocuparan .Mis padres entregaron el bebé a la Policía envuelto en una tela blanca que recogía las lágrimas de la criatura que aún no abría los ojos.

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